Neshgj Na Shoglashe CC [Bajo y lento CC] [Low and Slow CC], (2024) . 3B Collective.
Artes Visuales

Aztlán, túnel del tiempo: arte chicano en tiempos de resistencia

La exposición Aztlán, túnel del tiempo es la primera muestra de arte chicano que se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes. Reúne a 33 artistas y colectivos contemporáneos, residentes en México y Estados Unidos, que presentan obras e historias donde el arte chicano se afirma como práctica viva. Aquí, Aztlán aparece como una idea en movimiento, un territorio simbólico que articula memoria, desplazamiento y pertenencia. Nombrado en las tradiciones nahuas como lugar de origen, el concepto fue resignificado por el movimiento chicano para afirmar identidad en un espacio atravesado por el despojo tras el Tratado de Guadalupe Hidalgo. Las obras reúnen archivo, barrio y cultura popular para sostener una historia que se construye todos los días.


Por Constanza Martínez Achim

Desde que Donald Trump asumió su segundo mandato, las redadas del ICE, el servicio de inmigración estadounidense, se intensificaron a una escala que el país no había visto en décadas. Agentes —muchas veces latinos ellos mismos— se metieron a autolavados, estacionamientos de Home Depot, talleres de costura y negocios frecuentados por la comunidad latina y usaron la etnicidad y el origen nacional como criterios para decidir a quién detener. El argumento oficial es proteger la economía y los empleos de los ciudadanos. Sin embargo, ICE es la agencia policial con mayor financiamiento en Estados Unidos, con un presupuesto total de aproximadamente 30000 millones de dólares anuales. Esta cifra supera los presupuestos combinados del FBI, la DEA y los Alguaciles federales, y es mayor que el gasto militar de muchos países. Todo para deportar gente que, en su mayoría, lleva décadas construyendo ese mismo país.

Chevy ghost dance [Danza fantasma del Chevy], (2025). John Valadez.

 

Las redes sociales se llenaron de videos de redadas, de agentes sin identificación en vehículos sin marcas, familias separadas y trabajadores arrestados en plena jornada. En junio del año pasado, miles de personas tomaron las calles de Los Ángeles y Trump respondió desplegando la Guardia Nacional y 700 infantes de marina. En febrero de 2026, Bad Bunny se subió al escenario del Super Bowl y convirtió los 13 minutos del show de medio tiempo en una fiesta latina donde cantó en español ante 128 millones de espectadores. Trump calificó el espectáculo de "absolutamente terrible" y dijo que "nadie entiende ni una palabra de lo que dice". Ese es exactamente el problema. Estados Unidos es un país construido por migrantes que lleva décadas fingiendo que no.

En este contexto se inauguró Aztlán, túnel del tiempo, una exposición de arte chicano actualmente en el Palacio de Bellas Artes hasta el 23 de agosto de 2026.

Cortesía Museo del Palacio de Bellas Artes.

 

La muestra, curada por Rubén Ortiz-Torres, Jesse Lerner y Joshua Sánchez con la asesoría de Rita González, recorre varias décadas de arte chicano a través de obras de 33 artistas y colectivos —pinturas, fotografías, instalaciones, esculturas, videos, audios y capturas de redes sociales. Está organizada en cuatro secciones. East Side Stories abre el recorrido y trata los estereotipos con los que el cine y los medios han retratado históricamente al chicano, como pandillero o inmigrante peligroso. La sección los confronta directamente y propone una mirada más amplia y honesta sobre este movimiento. Varrio explora el barrio como territorio disputado y espacio de creación, donde las calles, las fachadas y hasta los coches se convierten en superficies para expresarse. Desmuralismos propone pensar el legado del muralismo más allá de la pared institucional. Desde el graffiti hasta el arte urbano, artistas chicanos intervienen el espacio público y retoman la consigna de Ricardo Flores Magón de "Tierra y libertad", el lema que articuló luchas políticas y culturales a principios del siglo XX y que el movimiento chicano hizo propio décadas después. Transtemporalidades mezcla ciencia ficción con astronomía mesoamericana, la cultura de los lowriders —autos modificados y personalizados que son un símbolo de identidad en los barrios chicanos— con deidades prehispánicas, y referencias arqueológicas con cultura popular. Está sección también crea un diálogo entre el pasado y el futuro.

El recorrido empieza con una línea del tiempo que sitúa al visitante en 1325 en Aztlán, el lugar mítico del que, según tradiciones nahuas, partieron varios pueblos antes de fundar Tenochtitlán. Siglos después, el movimiento chicano retomó ese nombre como símbolo. Para los chicanos, hijos de migrantes mexicanos nacidos o criados en Estados Unidos, Aztlán no es un lugar al que regresar sino una manera de nombrar su pertenencia en un país que los trata como extranjeros. Eso explica el título y también explica por qué la exposición empieza donde empieza.

Cortesía Museo del Palacio de Bellas Artes.

 

La obra ICE Melts de Raul Baltazar, es un performance realizado durante las protestas de 2025 en la que un bloque de hielo se derretía lentamente mientras sonaba la banda sonora de una película checa sobre el totalitarismo. En la exposición está el video, fotografías y un collage que incluye capturas de los comentarios que recibió en Instagram —odio, apoyo, chistes. El internet siendo el internet.

Las fotografías de Christina Fernandez, tomadas entre 1996 y 2000, muestran fachadas anónimas de edificios en Los Ángeles donde no parece ocurrir nada. Adentro, trabajadores indocumentados cosen ropa en talleres clandestinos por salarios mínimos y sin ninguna protección. Afuera, ningún letrero, ninguna señal. Aquí la invisibilidad es una estrategia de supervivencia.

El colectivo 3B, formado por artistas indígenas, chicanos y mexicanos, presenta un tapete de lana artesanal tejido con palabras en zapoteco “neshgj na shoglashe” y la imagen de una pickup truck. La pieza conecta dos tradiciones: el telar como herramienta de identidad y resistencia que los pueblos indígenas adaptaron tras la llegada de los españoles, y el automóvil como símbolo de movilidad y pertenencia en la cultura chicana. Tejer, en ese sentido, es preservar una memoria.

Concurse/C3 Window [Vestíbulo/Ventana C3], (2022)  Guadalupe Rosales.

 

Las obras hablan de cómo se construye y se defiende la identidad chicana en la vida cotidiana. Guadalupe Rosales ocupa una gran sección de la exposición con varias instalaciones que funcionan juntas como un archivo de la comunidad latina del sur de California. Rosales trabaja con objetos cotidianos encontrados—fotos, dados que se cuelgan en los retrovisores, piezas de bicicleta lowrider, pañuelos, calcomanías— y los convierte en piezas que cuentan la historia de quienes los tuvieron. Sus obras están hechas con luces de neón, espejos que multiplican las imágenes y grabados que se repiten. Es una comunidad que se reinventa sin perder sus raíces.

Mexica Falcon after Dewey Tafoya [Halcón milenario mexica en homenaje a Dewey Tafoya], (2024). rafa esparza.

 

Rafa esparza construye en adobe, el mismo material ancestral con el que su padre trabaja la construcción. Sus piezas en la exposición incluyen una escultura que combina la Piedra del Sol con la nave del Halcón Milenario de Star Wars, y una cabeza olmeca hecha con el mismo material.

Cortesía Museo del Palacio de Bellas Artes.

 

Aztlán, túnel del tiempo es una exposición sobre identidad, territorio y resistencia, pero también sobre humor y la complejidad de vivir entre dos culturas. En un momento en el que las políticas migratorias endurecen fronteras y discursos, la exposición recuerda que la identidad no es fija ni única, sino algo que se construye y se defiende todos los días.