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Carl Linnaeus, Erasmus Darwin y la botánica escandalosa

Para resolver el caos lingüístico provocado por el hallazgo de miles de plantas nuevas, Carl Linnaeus inventó un sistema universal en latín que clasificaba la flora según su anatomía sexual, escandalizando a la sociedad conservadora del siglo XVIII. Debido al idioma y a la censura moral de los traductores, este conocimiento quedó vetado para las mujeres, a quienes se les prohibía estudiar las pasionales "bodas" vegetales. El panorama cambió con The Loves of the Plants de Erasmus Darwin, un poema que tradujo la fría taxonomía al lenguaje de la seducción y las novelas de sociedad, abriendo con éxito las puertas de la ciencia popular y del deseo al público femenino.


Por Constanza Martínez Achim

A finales del siglo XV, los grandes viajes de exploración europea cambiaron la manera en que el mundo entendía la naturaleza. Las rutas hacia América, África y Asia trajeron consigo no solo especias, oro y territorios nuevos sino también miles de especies de plantas que nadie en Europa había visto antes. La llegada de estas muestras evidenció que una flor que en México podía llamarse de una manera, en España de otra y en Francia de una tercera era, en el fondo, la misma planta. La multiplicación de nombres locales en varios continentes creaba un caos que dificultaba la comunicación entre científicos de distintos países. Era urgente encontrar un lenguaje común.

Ese lenguaje fue inventado por Carl Linnaeus. El naturalista sueco, nacido en 1707, era un hombre muy religioso que se veía a sí mismo como un nuevo Adán, encargado de organizar la creación. “Deus creavit, Linnaeus disposuit” (Dios creó, Linneo organizó) escribió en su diario. Su obra seminal Systema Naturae (1735) estableció la clasificación jerárquica del mundo natural en los reinos animal, vegetal y mineral. Su Species Plantarum (1753) enseñó a los botánicos cómo nombrar las plantas con un sistema de doble nombre que incluía el género y la especie, en latín. Así el nombre era válido en cualquier idioma y en cualquier país. Gracias a Linnaeus, una flor que en México se conoce como perritos, en Francia se llama gueule-de-loup y en Inglaterra snapdragon, comparte un nombre científico universal: Antirrhinum majus. El sistema funcionó tan bien que seguimos usándolo hoy.

Pero Linnaeus no solo inventó un sistema de nombres. También clasificó las plantas según sus órganos reproductivos: los estambres, órganos masculinos, y los pistilos, órganos femeninos. El lenguaje que utilizó para hacer esto escandalizó a buena parte de la sociedad ilustrada europea. Linnaeus describía las flores en términos abiertamente sexuales. Hablaba de "lechos nupciales", de "novias" y "pretendientes", de matrimonios monógamos y polígamos entre plantas. Escribió que los pétalos de una flor "no contribuyen a la generación, sino que sirven únicamente como lecho nupcial que el gran creador ha preparado tan gloriosamente, adornado con tan preciosas cortinas y perfumado con tantos dulces aromas, para que el novio y la novia puedan celebrar sus nupcias con mayor solemnidad". Los académicos conservadores de la época se escandalizaron. El botánico alemán Johann Georg Siegesbeck, acusó al sistema de ser una "pornografía lasciva”.

Esta obsesión por el sexo vegetal creó una paradoja. Mientras el sistema buscaba que la botánica fuera universal y accesible, la mitad de la población no tenía las herramientas para consumirla de forma directa. Linnaeus escribía en latín, un idioma que en ese entonces se aprendía exclusivamente en las escuelas y universidades a las que la mayoría de las mujeres simplemente no tenían permitido asistir. Además, cuando el médico William Withering tradujo la obra al inglés en 1776, decidió censurar y suavizar las descripciones más explícitas de Linnaeus por mero pánico moral. En su prefacio, Withering confesó abiertamente los motivos de su censura: “Ante el temor de que la botánica en ropajes ingleses se convirtiera en el pasatiempo favorito de las damas... se consideró apropiado eliminar las distinciones sexuales en los títulos de las Clases y Órdenes”.


Aquí es donde entra Erasmus Darwin. Médico, poeta, inventor, filósofo natural y abuelo de Charles Darwin, Erasmus era uno de los intelectuales más brillantes y excéntricos de la Inglaterra del siglo XVIII. Era miembro de la Lunar Society de Birmingham, un club informal de pensadores que se reunía los lunes de luna llena para discutir sobre ciencia, tecnología y política. Era también un entusiasta declarado del sistema de Linnaeus, en un momento en que muchos de sus colegas preferían evitarlo o suavizarlo.

El problema era cómo llevar ese sistema al público general sin provocar un rechazo absoluto. Darwin anotó en su cuaderno de notas que Linnaeus podía traducirse de tal manera que mantenga sus términos sexuales “y, sin embargo, evitando cualquier idea indecente”. Temeroso de las consecuencias que esto pudiera traer a su reputación como médico, Darwin publicó The Loves of the Plants de manera anónima en 1789. El poema fue concebido como la segunda entrega de una obra más amplia titulada The Botanic Garden. Fue un bestseller inmediato que alcanzó cuatro ediciones inglesas y dos irlandesas antes de 1799.

The Loves of the Plants es un poema de más de cuatro mil versos dividido en cuatro cantos y narrado por la Diosa de la Botánica, quien presenta a las plantas como personajes de una novela de sociedad. Darwin escribía sobre vírgenes que se ruborizan, galanes apuestos y amantes engañosos. Cada planta se convertía en un personaje cuyas relaciones amorosas ilustraban su clasificación taxonómica. Por ejemplo, una flor con un solo pistilo rodeado de varios estambres era descrita como una mujer cortejada por muchos pretendientes.

Así lo hizo con la Gloriosa superba, una planta trepadora de flores muy bellas con pétalos rojos y amarillos que se curvan hacia atrás y dejan completamente expuestos sus largos órganos reproductivos. Darwin la describió así: “Proud Gloriosa led by three chosen swains, / The blushing captives of her virgin chains” (La orgullosa Gloriosa, conducida por tres pretendientes escogidos, cautivos sonrojados de sus cadenas virginales). En el lenguaje de Linnaeus, esto aludía a la disposición de sus estambres alrededor del pistilo. Sin embargo, en el lenguaje de Darwin era una escena de seducción que cualquier lector de novelas de la época podía entender y disfrutar. Así, de manera divertida, tradujo la taxonomía de Linnaeus a un lenguaje del cortejo y el deseo. 

El contexto histórico hace la propuesta aún más interesante. Durante siglos, el estudio de las flores y el cuidado de los jardines habían sido considerados pasatiempos seguros y apropiados para las damas de buena familia, pero el sistema de Linnaeus cambió todo. Si las plantas tenían sexo, y si ese sexo podía describirse con el lenguaje del deseo humano, entonces estudiar botánica se volvía potencialmente escandaloso para una mujer. El filósofo francés Jean-Jacques Rousseau, entusiasta defensor del nuevo sistema, consideró prudente advertir a su corresponsal Mme. Delessert que su joven hija debía ser protegida de ciertos pasajes de Linnaeus.

Sin embargo, lejos de alejar a las mujeres de la sexualidad vegetal, Darwin decidió invitarlas explícitamente a adentrarse en la ciencia a través de la imaginación. En el prefacio de su obra, declaró que su intención era “alistar a la Imaginación bajo el estandarte de la Ciencia [...] y particularmente, recomendar el estudio de la Botánica al bello sexo, y el amor a la Naturaleza a los iletrados”. Al presentar su poema como un entretenimiento inteligente y apropiado para la sala de estar, Darwin desafió las barreras educativas de su época.

Al final, The Loves of the Plants logró derrumbar la frontera entre las disciplinas científicas y el público general. Erasmus Darwin tomó la frialdad ordenadora de la taxonomía ilustrada y la rigidez de la moral georgiana para convertirlas en un poema sensual y alegre. Además, al abrir las puertas de la botánica moderna a las lectoras de su tiempo, el poema desafió el pánico moral de los sectores más conservadores. En un mundo que separaba la razón de los sentimientos, Darwin demostró que la ciencia, cuando se cuenta a través del deseo, es algo que todo el mundo puede entender y disfrutar.