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Diecisiete sílabas para atrapar un instante: El haiku

Originado en Japón como la estrofa inicial de poemas colaborativos, el haiku evolucionó hasta convertirse en un género autónomo de 17 sílabas caracterizado por el uso de referencias estacionales y pausas estructurales. Pese al escepticismo inicial que despertó en Occidente por su extrema brevedad, la tradición terminó consagrándose globalmente por la maestría requerida para encapsular un instante o emoción con la mínima cantidad de elementos.


Por Constanza Martínez Achim

El haiku es una de las formas poéticas más conocidas y apropiadas de la literatura oriental. Caracterizado por su brevedad, este poema de origen japonés consta de 17 morae —o unidades fonéticas equivalentes a sílabas, conocidas como on en Japón— distribuidas en un patrón métrico de tres líneas de 5, 7 y 5 morae.

Originalmente, los haikus se denominaban hokku y cumplían la función de estrofa inicial dentro de un poema colaborativo más extenso conocido como renga. Pero, con el tiempo, esta estrofa introductoria ganó autonomía, se separó de los renga y se consolidó como un género propio.

En la tradición clásica, una composición de haiku suele incorporar dos elementos estructurales fundamentales. Por un lado está la Kireji o palabra de corte: una partícula que divide el poema en dos partes métricas o conceptuales y que así crea una pausa reflexiva o una yuxtaposición de imágenes. Por otro lado está el Kigo o referencia estacional: una palabra o frase que alude a una estación del año y así ancla el texto en un momento específico.

A pesar de estas reglas, poetas clásicos como Matsuo Bashō escribían a veces sin kireji. Asimismo, las composiciones que mantienen la estructura de 17 morae pero enfocan su temática en la naturaleza humana, el humor o la sátira —en lugar del mundo natural— reciben el nombre de senryū.

Hoy en día, los haikus son conocidos globalmente y se escriben en numerosos idiomas. La llegada de esta forma lírica a Occidente se remonta a principios del siglo XIX, impulsada por el holandés Hendrick Doeff (1764-1837), quien fue el comisionado holandés en el puesto comercial de Dejima, en Nagasaki. Doeff fue uno de los primeros occidentales en redactar haikus en japonés; uno de sus poemas más conocidos va así:

稲妻の

腕を借らん

草枕

Prestarme tus brazos,

rápidos como relámpagos,

de almohada en mi viaje.

A principios del siglo XX aumentaron los intentos de imitar los hokkus en Occidente, sin entender plenamente sus principios estéticos y estructurales. Además, los primeros eruditos occidentales, como Basil Hall Chamberlain (1850-1935) y William George Aston, descartaron el valor poético del hokku

En su obra Japanese Literature (1899), Aston calificó esta estructura con escepticismo: “es difícil ver cómo un poema de diecisiete sílabas puede tener un mérito literario serio” (it is hard to see how a poem of seventeen syllables can have much serious literary merit). No fue sino hasta mediados del siglo XX que la traducción y difusión de sus bases teóricas permitieron una apreciación rigurosa del género fuera de Asia.

Aunque su aparente brevedad pueda parecer sencilla, condensar una imagen, una emoción o un instante en solo diecisiete sílabas requiere un talento y maestría especiales. Así, la dificultad del haiku radica en lograr la máxima profundidad con el mínimo número de elementos.