La primera edición de Lolita se publicó en Francia en 1955 bajo el sello Olympia Press, una editorial conocida por su catálogo erótico, pero que también albergaría la primera publicación de El almuerzo desnudo de William Burroughs en 1959.
Antes de ver la luz, el manuscrito de Vladímir Nabokov había sido rechazado por varias editoriales prestigiosas que estaban intimidadas por su tema central: la relación entre Humbert Humbert, un hombre de treinta y siete años, y Dolores Haze, una niña de doce. El libro fue censurado en Francia bajo la etiqueta de "libro peligroso" hasta 1958, una prohibición que se replicó en Inglaterra, Australia, Birmania, Bélgica y Austria.

No fue sino hasta agosto de 1958 que Lolita llegó a Estados Unidos publicado por G.P. Putnam's Sons. El éxito fue inmediato y en los primeros cuatro días se registraron 6,777 reórdenes de librerías que habían agotado sus existencias. Para finales de septiembre, la novela se convirtió en el mayor bestseller del país desde Lo que el viento se llevó. Para el año 2005, sus ventas ya superaban los cincuenta millones de copias en todo el mundo.
Sin embargo, el éxito comercial corrió en paralelo con el escándalo. El 17 de septiembre de 1958, la Biblioteca Pública de Cincinnati prohibió el libro y las críticas literarias fueron feroces. Orville Prescott, el influyente crítico del New York Times, la describió como "aburrida, aburrida, aburrida, de una manera pretenciosa, florida y afectadamente fatua”. Por su parte, el editor John Gordon, del London Sunday Express, la calificó como "el libro más obsceno que he leído jamás" y "pura pornografía sin restricciones”.

A todo este fenómeno mediático y social, Véra Nabokov, esposa del autor que alguna vez rescató el manuscrito de ser incinerado por Vladimir, lo bautizó como "el huracán Lolita". Lo llamó así por la violencia de las reseñas, las prohibiciones y las reediciones, pero también porque los huracanes llevan nombre de mujer, al igual que la novela que lleva el nombre de su protagonista.
Véra documentó esta recepción en un diario titulado justo así: El huracán Lolita. En él escribió:
"Lolita es evocada por los periodistas desde todos los puntos de vista imaginables, salvo uno: el de su belleza y su patetismo. [...] Me gustaría que alguien notara la tierna descripción de la impotencia de esta niña, su patética dependencia del monstruoso Humbert Humbert, y su desgarrador valor durante todo el relato…"

Además, Vera, a quien Vladimir le dedicó todas sus novelas, tuvo un papel esencial en la producción de Lolita. No solo fue su editora pero también fue quien estaba detrás del volante durante el viaje por carretera que inspiró la novela, pues su esposo no sabía manejar.
Así, Lolita, la obra maestra que acabó de cierta forma eclipsando las otras novelas —ciertamente igual de bellamente escritas— de Nabokov, muy probablemente no hubiera existido sin Véra, que durante todo ese periodo y hasta el resto de su vida fue una gran ayuda y feroz defensora de su esposo y su poética.