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Kapwani Kiwanga y la evocación floral

Kapwani Kiwanga convierte los márgenes de la historia en el centro de su obra. En Flowers for Africa, reconstruye los arreglos florales que aparecen en fotografías de las independencias africanas y deja que se marchiten con el tiempo. Gabriela Gorab analiza cómo la artista transforma estos detalles casi inadvertidos en archivos vivos para explorar la memoria, el colonialismo y aquello que los grandes relatos históricos dejaron fuera de cuadro.


Por Gabriela Gorab

En la 25ª Bienal de Sídney, titulada Rememory (14 de marzo–14 de junio de 2026) y curada por Hoor Al Qasimi, Kapwani Kiwanga presentó una selección de arreglos florales de su serie en curso Flowers for Africa (2012–ongoing) en la Art Gallery of New South Wales. La obra parte de una investigación de archivos fotográficos de momentos de independencia africana. En colaboración con floristas locales, Kiwanga recreó los ramos, centros de mesa y arcos florales que aparecían en los márgenes de esas imágenes históricas. Los arreglos, inicialmente frescos, se marchitaron y secaron a lo largo de la exposición. Se transformaron en testigos efímeros de procesos políticos que la historia oficial suele congelar en gestos heroicos o diplomáticos.

El giro hacia lo periférico

Esta participación no fue un simple préstamo de una obra ya consolidada. Se inserta con precisión en el concepto de rememory que Al Qasimi toma de Toni Morrison: ese espacio entre recordar y olvidar, entre reconstruir y reinventar. Kiwanga no restaura el archivo, lo desvía. En lugar de reproducir las fotografías de líderes estrechándose la mano o de banderas izadas, desplaza la atención hacia lo periférico —las flores que decoraban las mesas de negociación o las ceremonias de independencia— y las convierte en el centro. La propia artista lo ha explicado en esos términos: en una entrevista para 1:54 Contemporary African Art Fair, señaló que estos arreglos nunca fueron el punto focal de las imágenes que los registraron, sino un detalle al margen de la escena.

El archivo como materia viva

Formada en antropología y en Bellas Artes, Kiwanga trabaja con un método de investigación especulativa. Ella misma describió su proceso creativo como mayormente documental —"setenta por ciento es investigación y treinta por ciento es realmente hacer algo con esa investigación", dijo en entrevista con Apollo Magazine—. En Flowers for Africa, las flores dejan de ser elementos decorativos para convertirse en archivos vivos que se degradan. La decisión es política: la independencia no es un instante fijo, sino un proceso incompleto, susceptible de marchitarse y de ser reinterpretado. Al dejar que las flores se sequen, Kiwanga introduce la temporalidad biológica en el espacio institucional. Nos recuerda que la memoria también es materia orgánica y vulnerable.

Historia colonial en el florero

La obra opera en varios registros a la vez. Por un lado, desestabiliza la autoridad del documento fotográfico: lo que era prueba histórica se vuelve protocolo de recreación, y luego cadáver vegetal. Por otro, introduce una dimensión ecológica y decolonial. Muchas de las flores son especies introducidas o comercializadas a través de redes coloniales; cargan consigo las historias del comercio global de plantas y del conocimiento botánico extraído de África. Al dejarlas morir en un museo australiano, Kiwanga dialoga con las propias historias de desposesión y reescritura que atraviesan el territorio donde se exhibió la Bienal.

La discreción como estrategia

Flowers for Africa convivió en Sídney con obras de fuerte carga testimonial y gran escala, como la instalación monumental de Nikesha Breeze o los proyectos de artistas First Nations. Frente a ellas, la pieza de Kiwanga eligió el camino contrario: minimalismo, silencio, una belleza que roza lo decadente. Esa discreción no es timidez, es método. La obra no denuncia de manera frontal; invita a una atención sostenida. Quien pasaba de largo veía solo flores. Quien se detenía descubría un archivo en descomposición. Fue una apuesta calculada dentro de una bienal que, con Rememory, ya predisponía al visitante a mirar despacio.

Una rememoración transnacional

La elección de Kiwanga para Rememory es coherente con la trayectoria de una artista que representó a Canadá en la Bienal de Venecia (2024) y que ha recibido el Premio Marcel Duchamp (2020) y el Premio Joan Miró (2025). Sitúa consistentemente las asimetrías de poder en el centro de su trabajo, entendidas como un desvío deliberado hacia lo periférico de los grandes relatos oficiales. En Sídney no buscó el espectáculo ni la monumentalidad, sino la persistencia de lo menor. Al colocar las flores de las independencias africanas en un museo australiano —en un país con su propia historia de colonización y borrado de memorias indígenas—, Kiwanga tejió una red de resonancias que trasciende el continente africano. El marchitarse de las flores se volvió metáfora compartida de procesos históricos incompletos.

En definitiva, la participación de Kapwani Kiwanga en la Bienal de Sídney 2026 no cerró nada, lo abrió. Flowers for Africa no ofreció una narrativa redonda de liberación; ofreció la posibilidad de volver a mirar lo que quedó fuera de cuadro. Su obra propuso otra temporalidad: la del archivo que se deshace, la de la memoria que se recompone a partir de restos frágiles. Fue una invitación a practicar esa forma de atención que Morrison llamó rememory: no solo recordar, sino rearmar el cuerpo de lo olvidado.