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La ciencia ficción en Latinoamérica

Al subvertir el modelo etnocéntrico del Norte Global, la ciencia ficción latinoamericana utiliza la historia colonial, las crisis del presente y las cosmologías locales para reapropiarse del futuro. En México, escritoras como Andrea Chápela y Gabriela Damián deconstruyen el género al priorizar lo interpersonal y lo político sobre lo tecnológico. Así, el relato del mañana en la región deja de ser una evasión para convertirse en una poderosa herramienta de denuncia, memoria y exigencia de justicia.


Por Constanza Martínez Achim

Solemos asociar la ciencia ficción a una narrativa etnocéntrica enfocada en la tecnología: viajes a la Luna, aliens, naves espaciales.. Este imaginario, dictado por el Norte Global, asume el progreso como un patrimonio exclusivo de su propia geografía.

Su héroe suele ser individualista y norteamericano —un vaquero al estilo de Indiana Jones capaz de salvar el planeta por sí solo. 

En Latinoamérica, la ciencia ficción lleva más de un siglo existiendo, sin embargo ha sido seguido ignorada por la industria que sigue priorizando el clásico modelo estadounidense de invasiones alienígenas. Es irónico, porque para hablar de "encuentros con lo desconocido" no necesitamos imaginar marcianos bajando de un platillo volador. Desde un punto de vista antropológico, la historia de nuestro planeta está llena de encuentros con lo desconocido. La Conquista, por ejemplo, fue de cierta manera un gran escenario de ciencia ficción en el continente. La llegada de una cultura completamente alienígena para los pueblos originarios, con armaduras brillantes y monstruos de cuatro patas que resultaron ser hombres montados a caballo. Además, las numerosas crisis del mundo actual ya parecen sacadas de un libro de ciencia ficción.

Al respecto, el actor y guionista chileno Rodrigo Bastidas comenta lo siguiente: “La gente me ha dicho que no tienen tiempo de pensar en el futuro porque están demasiado ocupados sobreviviendo en el presente, la supervivencia del hoy, de lo contemporáneo: guerras civiles, revoluciones, dictaduras. Entonces mucha de nuestra literatura ha sido realista, con una necesidad testimonial”. Sin embargo, el género en la región se está recuperando. “Tenemos que reapropiarnos de nuestro futuro y dejar de pensar que somos un lugar pequeño y olvidado de la historia, un lugar al que ni siquiera los extraterrestres vendrían nunca”, declara el escritor Luis Carlos Barragán, autor de obras donde las fronteras de lo humano se diluyen, como en El gusano (2018), una novela sobre una criatura subterránea que sale de la tierra.

A diferencia del Norte Global, la ciencia ficción en Latinoamérica es regida por corrientes distintas. Desde el afrofuturismo brasileño (un movimiento que fusiona la tecnología y la mitología no occidental para imaginar futuros desde la perspectiva e  identidad africana) hasta el neoindigenismo andino (una corriente que proyecta los saberes y tradiciones de los pueblos originarios hacia el mañana y los fusiona con la robótica, los viajes espaciales y las tecnologías digitales para hackear la idea de que el futuro es puramente occidental..).

En México, mucha de la literatura de ciencia ficción que sale hoy en día es escrita por mujeres inspiradas por Ursula K LeGuin. Le Guin era hija de un antropólogo y de una escritora y revolucionó las reglas de la ciencia ficción al volverla mucho más antropológica y sociológica. No le interesaba cómo funcionaba el motor de una nave, sino cómo se organizaba una sociedad que vivía en otro planeta. En esta linea, Andrea Chapela ambienta su libro de cuentos de ciencia ficción más famoso Ansibles, perfiladores y otras máquinas de ingenio (2020)—ganador del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen— en una Ciudad de México futurista donde la tecnología ya se nos metió debajo de la piel y alteró cómo nos enamoramos, cómo sufrimos el luto y cómo recordamos. Por otro lado, Gabriela Damián Miravete utiliza la ciencia ficción como una herramienta política y de denuncia para enfrentarse a la epidemia de feminicidios en el país. En su cuento “Soñarán en el jardín”, Gabriela construye un futuro donde las mentes de las mujeres asesinadas son captadas digitalmente en hologramas que "viven", conversan y resisten juntas en un jardín.

Así la ciencia ficción en Latinoamérica se convierte en un medio para exigir justicia y quitarnos el miedo a imaginar otros mundos posibles.