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La fanfarria con la que Aaron Copland rindió homenaje al ciudadano común

Las naciones suelen construir sus relatos a partir de grandes figuras. Reyes, presidentes, militares o héroes de guerra terminan por encarnar los valores con los que una sociedad busca reconocerse. Por eso resulta llamativo que una de las composiciones más emblemáticas de Estados Unidos no estuviera dedicada a ninguno de ellos.


Por Liz Navarro

Las naciones suelen construir sus relatos a partir de grandes figuras. Reyes, presidentes, militares o héroes de guerra terminan por encarnar los valores con los que una sociedad busca reconocerse. Por eso resulta llamativo que una de las composiciones más emblemáticas de Estados Unidos no estuviera dedicada a ninguno de ellos.

En 1942, mientras la Segunda Guerra Mundial modificaba la vida política y social de buena parte del mundo, el director Eugene Goossens invitó a dieciocho compositores estadounidenses a escribir una serie de fanfarrias inspiradas en el conflicto. Aaron Copland respondió con una propuesta inesperada.

 En lugar de dedicar su composición a un presidente, un comandante militar o una batalla, la tituló Fanfare for the Common Man (Fanfarria para el hombre común).

Copland explicó que buscaba rendir homenaje al ciudadano común, cuyas acciones heroicas no tenían lugar en el campo de batalla, sino en el frente interno. Mientras el ejército combatía en el exterior, millones de personas mantenían en funcionamiento las fábricas, los hospitales, las escuelas, los campos de cultivo y las redes de transporte. La figura del common man condensaba ese esfuerzo colectivo y encontró en la música de Copland una de sus expresiones más perdurables.

La obra dura apenas unos minutos. Está escrita únicamente para metales y percusión, una instrumentación asociada tradicionalmente a ceremonias oficiales y anuncios solemnes. Copland recurrió a ese lenguaje, reservado para los grandes acontecimientos, y lo dedicó a quienes rara vez ocupaban un lugar central en este tipo de composiciones.

Con el paso de las décadas, Fanfare for the Common Man dejó de pertenecer exclusivamente al contexto de la Segunda Guerra Mundial. Ha acompañado investiduras presidenciales, conmemoraciones nacionales, funerales de Estado, acontecimientos deportivos y producciones cinematográficas. Pocas obras del repertorio estadounidense alcanzaron un lugar tan estable dentro de la memoria pública.

Esa decisión terminó distinguiendo a la obra dentro del repertorio estadounidense. En un género asociado tradicionalmente a gobernantes, ejércitos y victorias militares, Copland dedicó su fanfarria a quienes sostenían la vida del país lejos del frente de combate.