Hoy, el término Radical Chic se utiliza para describir el momento en que sectores privilegiados abrazan causas políticas radicales sin dejar de habitar los espacios de prestigio y exclusividad que los distinguen. La expresión nació a partir de una sola noche.
En la noche del 14 de enero de 1970, los elevadores del 895 de Park Avenue comenzaron a recibir invitados poco habituales. Escritores, periodistas, directores de orquesta, coleccionistas y figuras de la alta sociedad neoyorquina compartían el mismo vestíbulo con integrantes del Black Panther Party. Mientras unos llegaban vestidos para una recepción elegante, otros aparecían con chamarras de cuero negro, boinas, gafas oscuras y afros convertidos ya en un símbolo político. Todos se dirigían al departamento de Leonard y Felicia Bernstein, una de las parejas más influyentes de la vida cultural estadounidense.
La escena parecía salida de una película. Dos pianos de cola ocupaban la sala; las paredes estaban cubiertas por retratos y fotografías familiares; los invitados recorrían el departamento con una copa en la mano mientras el servicio ofrecía canapés en bandejas de plata. En medio de ese escenario, los dirigentes de una organización revolucionaria hablaban sobre violencia policial, racismo, pobreza y persecución política. Bastaba mirar alrededor para comprender por qué aquella reunión resultaba tan inusual.

Los Bernstein habían abierto las puertas de su casa para recaudar fondos destinados a la defensa legal de los llamados Panther 21, veintiún integrantes del Black Panther Party acusados de conspiración y encarcelados mientras esperaban juicio. Para Leonard y Felicia, comprometidos desde hacía años con distintas causas relacionadas con los derechos civiles, aquella reunión buscaba llamar la atención sobre las garantías procesales de los acusados. Al terminar la noche, el debate ya era otro.

Durante varias horas, abogados, activistas, artistas y periodistas discutieron sobre racismo, capitalismo, violencia y revolución. Leonard Bernstein debatía con los representantes del movimiento; el director de cine Otto Preminger intervenía desde uno de los sofás del salón; la periodista Barbara Walters cuestionaba si existía una salida distinta a la confrontación. La recepción terminó pareciéndose más a un foro político que a una reunión social, todo ello dentro de uno de los departamentos más exclusivos de Nueva York.
Al día siguiente, la reunión ya no pertenecía a quienes habían estado allí. Los periódicos reprodujeron las fotografías del departamento de Park Avenue junto a las imágenes de los dirigentes del Black Panther Party. Para algunos, los Bernstein habían puesto su prestigio al servicio de una causa justa; para otros, aquella escena resumía una contradicción difícil de ignorar.
Poco después, Tom Wolfe publicó un ensayo inspirado en aquella noche y bautizó el fenómeno con un nombre que terminaría incorporándose al vocabulario político y cultural del siglo XX: Radical Chic. Con esa expresión describió una forma muy particular de compromiso político, en la que el respaldo a causas radicales convivía con los códigos de prestigio y reconocimiento propios de las élites culturales. El ensayo trascendió el episodio de los Bernstein y convirtió aquella reunión en un referente para comprender la relación entre poder, cultura y activismo.
Con el paso de los años, el término dejó de aludir únicamente a aquella velada en Park Avenue. Hoy se utiliza para describir situaciones en las que el activismo político convive con los códigos de prestigio y reconocimiento de quienes lo promueven. Su significado sigue siendo objeto de debate, pero el concepto sobrevivió a la fiesta que le dio origen y terminó instalándose en la conversación pública.

Todo comenzó en un departamento de Park Avenue. Más de medio siglo después, aquella dirección sigue siendo inseparable de las dos palabras con las que Tom Wolfe bautizó un fenómeno que trascendió a sus protagonistas: Radical Chic.