En el siglo XVIII en Europa, antes de la Revolución Francesa, la moda femenina de la nobleza era exuberante. En sus retratos, las mujeres aristocráticas usaban robes à la française (vestidos a la francesa), confeccionados con sedas pesadas y brocados de hilos de oro y plata. Estas telas caían encima de un armazón que daba volumen a las caderas denominado panier (canasta en francés) —el cual llegó a medir casi un metro en su esplendor, complementado con un corsé muy ajustado. El cabello se sostenía sobre estructuras de alambre y cojines de lana, se untaba con manteca de cerdo y se empolvaba con harina de trigo; encima, se colocaban maquetas de barcos, jardines o figuras de porcelana en un peinado llamado pouf. Las joyas preciosas tampoco faltaban y dependían de fuertes redes comerciales y del colonialismo. Los diamantes venían de Golconda en la India y de Brasil; las perlas, en ese entonces más valiosas que los diamantes, provenían del Golfo Pérsico o de Venezuela y Panamá; las esmeraldas procedían de las minas coloniales de Colombia, los rubíes de Birmania y los zafiros de Sri Lanka. Además, el simple acto de vestirse requería la ayuda de varias sirvientas y prohibía cualquier movimiento natural. Las mujeres eran tan ricas que no necesitaban la movilidad completa de su cuerpo; podían permitirse ser obras de arte estáticas.

En el arte, varios pintores cercanos a la corte retrataron a estas mujeres. El columpio (1767) de Jean-Honoré Fragonard, que muestra a una joven columpiándose envuelta en capas y capas de tela rosada, es uno de los símbolos más conocidos de la moda rococó. François Boucher, por su lado, retrató en diversas ocasiones a la marquesa de Pompadour, la mujer que dictó la moda europea a mediados del siglo XVIII; mientras que Jean-Baptiste Gautier d'Agoty fue de los primeros en pintar a una joven María Antonieta. En María Antonieta con gran hábito de corte (1775), la reina aparece con un vestido absurdamente ancho, decorado con diamantes y plumas en la cabeza.
Sin embargo, mientras la nobleza hacía ostentación de su inmensa riqueza y utilizaba alimentos para moldear su cabello, el pueblo francés moría de hambre. En 1789 estalló la Revolución Francesa, la cual llevó al Reinado del Terror, un momento histórico entre 1793 y 1794 en el cual, de manera notoria, los reyes, varios miembros de la nobleza e incluso muchos miembros del “tercer estado” terminaron siendo decapitados.
Con la muerte de los soberanos, también murió la moda exuberante y maximalista. Las mujeres de la nueva élite, conocidas como las Merveilleuses (maravillosas), rechazaron por completo los corsés y los paniers. Las sedas pesadas fueron sustituidas por lino y algodón blanco y los vestidos voluptuosos se transformaron en túnicas finas, a veces transparentes, parecidas a las de los antiguos griegos y romanos, cosa que escandalizó a la sociedad francesa de la época. El Retrato de Madame Récamier (1800), una merveilleuse famosa pintada por Jacques-Louis David, encapsula perfectamente esta moda. En él, la dama aparece recostada y descalza en un sofá con un vestido blanco, largo y fluido. Además, este estilo novedoso dio pie a diversas caricaturas. En una anónima de 1797 titulada Ah, si él pudiera ver, un ciego pisa sin querer el vestido de una mujer, rompiendo la fina tela y dejando sus nalgas al aire. Otra caricatura inglesa de 1799, ilustrada por Isaac Cruikshank y titulada Mujeres parisinas con su vestido de invierno, muestra a siete damas con vestidos exageradamente transparentes y los senos descubiertos.

En la corte de Napoleón, este minimalismo se refinó pero mantuvo la silueta limpia. Los vestidos Imperio conservaron la línea recta, pero también incorporaron pequeñas mangas de globo y textiles con más estructura. Las riquezas ya no se reflejaban a través del oro y las capas de seda, sino a través del lujo silencioso, como chales de cachemira importados de la India —que podían costar una fortuna pero visualmente eran piezas de tela lisa— o la delicadeza geométrica de finos bordados blancos sobre fondo blanco.
Así, la historia de la Revolución Francesa es también la historia de la moda europea en el tránsito del siglo XVIII al XIX. Un momento donde la costura dejó de ser un adorno cortesano y se convirtió en una declaración de libertad.