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Los edificios fantasma de París como homenaje a Haussmann

Ocultas entre la arquitectura de París, existen doce fachadas falsas o "edificios fantasma" que imitan a la perfección el estilo clásico de la ciudad. Estas estructuras, construidas en los años ochenta por la RATP, son en realidad ilusiones ópticas diseñadas para esconder los ductos de ventilación del metro. Su meticuloso diseño sirve para preservar la armonía visual impuesta por Georges-Eugène Haussmann en el siglo XIX, funcionando como un homenaje discreto a su urbanismo.

 


Por Constanza Martínez Achim

París es una ciudad maravillosa que parece tenerlo todo —monumentos históricos, muchos de los museos más importantes del mundo, alta moda, una gastronomía espectacular, enormes jardines y una arquitectura icónica que unifica la ciudad. Sus edificios de piedra caliza con techos de zinc gris azulado, balcones de hierro forjado, molduras ornamentales y amplias fachadas simétricas crean un paisaje urbano coherente y uniforme. Sin embargo, entre todos estos edificios se esconden doce fachadas que, si uno está en la ciudad y observa con atención, se da cuenta de algo extraño. Detrás de sus ventanas y sus puertas de hierro pintadas para simular madera, sin manija ni código de entrada, no hay absolutamente nada. Son trompe l'œil —trampas para el ojo, ilusiones ópticas que engañan al espectador haciéndole creer que está viendo algo real.

Para entender por qué existen, hay que remontarse al París del siglo XIX. Durante el reinado del emperador Napoleón III, el prefecto del Sena Georges-Eugène Haussmann comenzó en 1853 una de las transformaciones urbanas más ambiciosas de la historia moderna. En solo dos décadas, Haussmann demolió miles de edificios medievales insalubres y, en su lugar trazó los grandes bulevares alineados con arboles que hoy definen la ciudad. Su proyecto cumplía con distintas funciones. Por un lado, para combatir las epidemias de cólera que proliferaban en los barrios estrechos y oscuros. Por otro, creó una ciudad bella, ordenada y difícil de bloquear con barricadas. Así, los bloques de edificios de piedra de entre cinco y seis pisos, con alturas uniformes, fachadas alineadas y una paleta de colores neutros que convierte a la ciudad entera en una obra de arte es atribuida a Haussmann.

Sin embargo, este interés por la uniformidad arquitectónica no murió con el. Más de un siglo después, en los años ochenta, la expansión y modernización de la red subterránea de la RATP (Régie Autonome des Transports Parisiens), la empresa pública que gestiona el metro, los autobuses y el RER de la capital— requería instalar ductos de ventilación para renovar el aire de los túneles. El problema era que, construir estructuras técnicas en medio de barrios haussmanianos rompía abruptamente con la armonía visual tan emblemática de la ciudad. La solución fue diseñar los exteriores de estos ductos como fachadas de edificios que se integraban perfectamente en el entorno e imitaban hasta el último detalle las construcciones vecinas. 

Hoy en día, muchos parisinos y turistas pasan frente a ellas sin sospechar nada. Son, de cierta manera, un homenaje discreto e ingenioso que la ciudad moderna rendió a la visión de Haussmann.