Diego Rivera, Retrato de Natasha Gelman, 1943.
Artes Visuales

Retrato de un siglo: La colección Gelman en el Museo de Arte Moderno

La historia reciente de la colección Gelman ha generado debate en torno a su destino y circulación. Esa conversación sigue abierta. En sala, la experiencia va por otro lado. Las obras reunidas en el Museo de Arte Moderno permiten entrar en un momento clave del arte mexicano del siglo XX y observar cómo dialogan entre sí. Se percibe una densidad poco común en la manera en que los retratos cambian según la mirada de cada artista, en los cruces entre pintura, cine y fotografía, y en la presencia de figuras que definieron una época. La exposición abre la posibilidad de ver esas relaciones en un mismo espacio y entender cómo se construyó ese imaginario.


Por Constanza Martínez Achim

Durante más de cincuenta años, entre 1941 y 1998, Natasha y Jacques Gelman reunieron una de las colecciones privadas de arte mexicano más importantes del siglo XX.

Su historia comienza en México durante la Segunda Guerra Mundial. Natasha era de origen checo y Jacques ruso. Ambos llegaron al país huyendo del conflicto, donde se conocieron, se casaron y decidieron quedarse. 

Ahora, casi veinte años después de su última exhibición pública en México, 68 obras de su colección pueden verse en el Museo de Arte Moderno. La muestra se llama Relatos modernos y estará abierta hasta julio de 2026. El destino de la colección ha sido discutido: causó polémica cuando fue vendida, pues los Gelman habían pedido que la obra permaneciera en México. Hoy está en manos de coleccionistas mexicanos y su gestión internacional corre a cargo de la Fundación Banco Santander. Independientemente de la controversia, estas obras están aquí y vale mucho la pena verlas.

Frida Kahlo, Autorretrato con collar, 1933.

 

La exposición está organizada en cuatro núcleos que recorren los orígenes de la colección, la relación entre el cine y la pintura, la construcción de una imagen de nación y las experimentaciones formales de la época. El hilo conductor es el retrato, un género que los Gelman coleccionaron con especial dedicación, ya que encargaban sus propias imágenes a los artistas mexicanos más importantes del momento.

La obra que recibe al espectador es el Retrato de Natasha Gelman que Diego Rivera pintó en 1943. Natasha está acostada con un vestido blanco rodeada de alcatraces. Rivera la pintó como una odalisca, con el glamour de una estrella de cine.

A partir de ahí, aparecen retratos que otros artistas hicieron de ella y de él. Ver esos cuadros uno junto al otro es ver cuánto dice un mismo rostro dependiendo de quién lo pinta. Zárraga la retrata en un jardín impresionista, Tamayo la convierte en una figura geométrica casi cubista, Siqueiros aprovecha el fondo para hacer lo suyo y meter sus experimentos visuales, y Kahlo la pinta de busto, con un suntuoso abrigo de piel y el cabello recogido, enmarcada por lo que parecen mosaicos pintados al óleo.

Frida Kahlo, Diego en mi pensamiento, 1943.

 

Frida Kahlo es el eje simbólico de la exposición. La colección incluye 10 cuadros de esa pintora, es la tercera colección más importante del mundo dedicada a su obra. Natasha se interesó por su trabajo mucho antes de que el mundo lo hiciera, con una intuición que hoy parece profética. Hay autorretratos fundamentales, entre ellos Autorretrato con collar(1933) y Diego en mi pensamiento (1943), donde Kahlo se pinta a sí misma con el rostro de Rivera en la frente como un tercer ojo. 

La exposición también incluye una serie de fotografías de Graciela Iturbide. En 2005, la fotógrafa fue invitada a fotografiar la Casa Azul y de esa visita nació El baño de Frida. Frida había fallecido más de cincuenta años antes, pero una parte de ella sigue viva a través de los objetos que dejó atrás y los espacios que habitó. Iturbide contó alguna vez que los corsés le llamaron mucho la atención "porque son muy estéticos a pesar de que tienen que ver con el dolor".

Otro aspecto importante que la exposición hace visible es la relación de los Gelman con el cine. Jacques era productor cinematográfico y a inicios de los años cuarenta, fundó la compañía Posa Films con Mario Moreno “Cantinflas". De esa relación nació una de las piezas más curiosas de la colección: el Retrato de Cantinflas de Rufino Tamayo, encargado por Jacques como regalo de cumpleaños para el actor en 1948. Tamayo pintó a Cantinflas con colores oscuros y dramáticos, detrás de cámaras y la mirada fija en el horizonte. Al retratado, según cuentan las crónicas, no le gustó la escena sombría, y los Gelman se quedaron con el cuadro. 

La conexión entre el cine y la pintura en el México de esa época era estrecha. Durante buena parte del siglo XX, la cultura visual mexicana estuvo marcada por un fuerte nacionalismo. El muralismo y la Escuela Mexicana de Pintura hicieron del arte un espacio destinado a narrar la Revolución, construir identidad y hablarle al pueblo. El Cine de Oro hacía algo muy parecido desde la pantalla. Ambos mundos se enfocaban en construir un imaginario sobre lo mexicano, y los Gelman estaban en el centro de los dos, Jacques como productor de cine y Natasha como coleccionista de pintura. Las fotografías de Gabriel Figueroa, Lola Álvarez Bravo y Manuel Álvarez Bravo forman parte de adquisiciones posteriores, ya que los Gelman originalmente no coleccionaron fotografía, pero muestran ese diálogo. Las figuras de mujeres cubiertas por rebozos que Figueroa capturó cuando fue director de fotografía de La perla se parecen demasiado a las pinturas de figuras veladas de Manuel Rodríguez Lozano para que sea una coincidencia.

Diego Rivera, Paisaje con cactus, 1931.

 

Relatos modernos es, en el fondo, un retrato de una época. Las obras reunidas por los Gelman abarcan la época dorada del arte mexicano del siglo XX, un momento en que la pintura, la fotografía y el cine se influían mutuamente. Aún así, ver la colección junta es entender que no había un solo arte mexicano sino muchos: la pintura monumental de Rivera y Siqueiros, la intimidad de Kahlo, la geometría de Tamayo, la mirada documental de Figueroa. Que esas obras estén ahorita en México es una oportunidad que no conviene perderse.