Artes Visuales

The Lovers. Marina Abramović y Ulay

Lo que nació como un plan de boda épico terminó siendo una de las despedidas más conmovedoras del arte contemporáneo. En 1988, tras años de trabas burocráticas, Marina Abramović y Ulay recorrieron la Muralla China desde extremos opuestos para encontrarse en el centro; sin embargo, el distanciamiento de los años transformó el reencuentro en un adiós definitivo.

 


Por Constanza Martínez Achim

En 1983, los artistas Marina Abramović y su prometido Ulay anunciaron al mundo sus planes nupciales en forma de performance. La obra se llamaría The Lovers. Cada uno iniciaría una larga caminata a través de la Muralla China desde extremos opuestos, recorrerían aproximadamente 2,500 kilómetros durante 90 días, pasando por distintos pueblos y paisajes, acampando y caminando alrededor de 20 kilómetros al día. Se encontrarían en el centro, donde se casarían.

Lo que no habían contemplado era la burocracia china. Las autoridades de Beijing no entendían los motivos de los artistas y los trámites eran interminables. Permisos y visas se otorgaban y luego se negaban. Les dijeron que el recorrido sería demasiado peligroso para hacerlo solos y que necesitarían un equipo de acompañantes. No fue sino hasta 1988 que por fin pudieron emprender el viaje.

Vista de la Gran Muralla China, escenario del performance The Lovers.

 

La idea le había surgido a Abramović en un sueño donde la pareja despertaba a un dragón dormido en su épico recorrido. En china, los dragones normalmente son símbolo de buena fortuna. Sin embargo, parecían haber despertado al dragón incorrecto. Uno malévolo como los de la mitología occidental.

En los cinco años que transcurrieron mientras esperaban los permisos, la pareja se había distanciado. Antes se describían como un "cuerpo de dos cabezas": compartían ideas, visiones y una confianza muchas veces inquietante. En la obra Rest Energy (1980), Marina sostenía la madera de un arco mientras Ulay jalaba la cuerda con una flecha apuntada directamente al corazón de su amante. Un movimiento equivocado y la mataba. Esa devoción era absoluta. Sin embargo, con el paso del tiempo surgieron diferencias fundamentales que les impedían continuar juntos. Abramović abrazó el creciente éxito de su obra; Ulay se alejó de él.

Marina Abramović y Ulay en Rest Energy.

 

Así, cuando el 30 de marzo de 1988 iniciaron su caminata desde extremos opuestos de la muralla y se encontraron noventa días después, ya no era para casarse sino para despedirse. Caminar hacia el otro durante tres meses, pasar por pueblos, desiertos y montañas, para llegar al centro y decirse adiós. Pocos gestos de ruptura han sido tan grandes, tan lentos ni tan hermosos.

The Lovers no fue la boda que planearon sino un duelo que duró noventa días, un final a la altura del amor que lo precedió. Como toda buena performance de Abramović, el cuerpo fue el medio, el tiempo fue el material y lo que quedó fue la pregunta: ¿cuándo termina el arte y empieza la vida?