Berthe Morisot, Femme à sa toilette, 1875-1880
Artes Visuales

Berthe Morisot y la mirada femenina en el impresionismo

Durante siglos, las mujeres en el arte fueron vistas como musas y objetos de representación, mientras sus aportes como creadoras eran minimizados o ignorados.

Berthe Morisot desafió esa mirada al retratar la intimidad y la experiencia femenina desde su propia perspectiva, convirtiéndose en una figura clave del impresionismo pese al reconocimiento tardío de su obra.

 


Por Constanza Martínez Achim

A lo largo de la historia del arte, la musa ha sido una constante. Estas mujeres, idolatradas por cómo se ven dentro de una composición, han dado pie a muchas de las obras más icónicas del mundo: La chica de la perla de Vermeer, la Mona Lisa de Leonardo, El nacimiento de Venus de Botticelli. Sin embargo, por más protagonismo que tengan dentro de una obra, las musas seguido son reducidas al objeto bonito que decidió pintar un hombre. Porque históricamente, las mujeres en el arte han sido objeto para verse, no creadoras. Su representación viene de las fantasías y las ideas de la feminidad masculina.

Por más que hayan existido grandes mujeres artistas a lo largo de los siglos, han sido sistemáticamente ignoradas. Las Guerrilla Girls lo documentaron en su obra Do Women Have to Be Naked to Get Into the Met. Museum? (¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Met?): menos del 5% de los artistas en las secciones de arte moderno del Met eran mujeres, mientras que el 85% de los desnudos expuestos eran femeninos. El cuerpo femenino como decoración. La mente femenina, ausente.

Berthe Morisot nació en Bourges, Francia, en 1841 y fue la única mujer que formó parte de la primera exposición impresionista de la historia, celebrada el 15 de abril de 1874. Era amiga cercana de Manet, Degas, Monet y Renoir, y se casó con Eugène Manet, hermano de Édouard. Jugó un papel esencial en el desarrollo del impresionismo francés. Luego de Camille Pissarro, fue la pintora cuyas obras integraron más exposiciones impresionistas originales; faltó solo a una en 1879, tras el nacimiento de su hija Julie. En ocasiones vendía más que muchos de sus contemporáneos. Sin embargo, fue relegada a un segundo plano y clasificada en la categoría menor de "artistas femeninas".

Berthe Morisot, Le berceau, 1872

 

Morisot retrataba la vida íntima, los interiores, las mujeres y los niños. Para los historiadores del arte de la época, esos temas eran triviales, decorativos, sin el peso suficiente para tomarse en serio. Lo doméstico como frivolidad, lo cotidiano como ausencia de ambición.

Lo que no entendían es que Morisot no pintaba esos espacios por falta de aspiraciones. Los pintaba porque eran su realidad, igual que Monet pintaba los paisajes que veía desde su jardín. La diferencia es que el jardín de Monet fue consagrado como arte universal y el salón de Morisot fue catalogado como tema menor. Sus escenas íntimas reflejan un enfoque personal y delicado del mundo femenino que sus contemporáneos masculinos, por más que pintaran a mujeres, no podían ofrecer. Cuando Renoir o Manet pintaban una mujer, pintaban su idea de una mujer. Cuando Morisot pintaba a su hermana, a su hija o a sus amigas, pintaba desde adentro de esa experiencia. El poeta Paul Valéry, que la conoció en vida, describió su pintura como "el diario de una mujer expresado a través del color y el dibujo."

Berthe Morisot, Jour d'été, 1879.

 

En uno de sus cuadernos, la artista escribió: "No creo que exista un hombre que trate a una mujer como su igual, y es lo único que pido, porque sé de sobras mi valor."

Morisot murió en París en 1895 a los 54 años. Dejó una obra enorme y una influencia que tardó décadas en ser reconocida plenamente. Hoy sus pinturas cuelgan en el Museo d'Orsay, el Museo Marmottan y el Thyssen de Madrid.





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