Teresa Margolles, La Promesa, 2012, escultura hecha del polvo de una casa demolida en Ciudad Juárez.
Artes Visuales

Cuerpos, memoria y denuncia en la obra de Teresa Margolles

La artista mexicana Teresa Margolles transformó su experiencia en medicina forense y su cercanía con la muerte en una obra artística centrada en la violencia y la exclusión social en México.

Desde el colectivo Proyecto SEMEFO hasta sus instalaciones internacionales, utilizó restos y materiales forenses para confrontar al público con la realidad de los cuerpos víctimas del crimen.


Por Constanza Martínez Achim

Desde niña, la muerte fue parte del paisaje cotidiano de Teresa Margolles. La artista cuenta que en su infancia se topaba seguido con cadáveres de animales en Sinaloa, lo cual sembró en ella una sensibilidad particular hacia el fin de la vida.

Tras formarse en Medicina Forense, comenzó en 1990 a colaborar en una morgue de la Ciudad de México. Estar inmersa en ese ambiente doloroso e institucional la llevó a cofundar, junto a Arturo Angulo Gallardo, Carlos López Orozco y Juan Luis García Zavaleta, el colectivo Proyecto SEMEFO (1990–1999). 

A través de performances y montajes, el grupo utilizaba residuos forenses —desde sábanas quirúrgicas hasta fluidos y los propios cuerpos— para confrontar la descomposición social del país. El propio colectivo describía su trabajo como "una aproximación estética no tanto al tema de la muerte como al de los cadáveres en sus distintas fases, incluyendo sus implicaciones socioculturales."

Una de las piezas que marcó la transición del trabajo colectivo de Margolles al individual fue Lengua. En la morgue, Margolles conoció a la madre de un joven punk que había sido asesinado. Desesperada, la mujer le confesó que no tenía los recursos para comprarle un ataúd a su hijo. 

La artista, que conservaba féretros de proyectos anteriores, le entregó uno digno a cambio de la lengua del joven. Ese músculo que alguna vez habló, gritó y se rió —atravesado por el piercing que marcó su identidad en vida— fue preservado y expuesto en galerías. Así se convirtió en un documento forense que muestra cómo los jóvenes están desprotegidos en el país.

Teresa Margolles, Lengua.

 

Más tarde, con el estallido de la guerra contra el narco en 2006, Margolles entendió que las paredes del Servicio Médico Forense ya no eran el único contenedor del trauma nacional. Como ella misma explica, la muerte abandonó el secreto del peritaje: "En las calles el cadáver no pertenecía sólo a la ciencia, ya estaba en el común, ya la gente común en su caminar se topaba con los cuerpos colgados de los puentes, o los niños cuando iban al colegio se los encontraban. El cadáver que antes era una cosa privada se convierte en una cosa pública."

En 2009 representó a México en la Bienal de Venecia con su instalación ¿De qué otra cosa podríamos hablar?, donde utilizó telas impregnadas de sangre de personas ejecutadas en la frontera entre México y Estados Unidos, y lodo de fosas comunes, para “limpiar” diariamente los suelos del pabellón veneciano. El público, sin saberlo de inmediato, pisaba y respiraba el residuo de la morgue mexicana. Ese mismo año, y hasta 2013, Margolles fotografió más de 115,000 casas abandonadas en Ciudad Juárez donde habían ocurrido asesinatos.

Vista de sala de la exposición "¿De qué otra cosa podemos hablar?"en la Bienal de Venecia del 2009.

 

El trabajo de Teresa Margolles obliga al espectador a mirar de frente las carencias del sistema mexicano. Lo que la sociedad civil y los discursos oficiales califican de sucio y feo, ella lo limpia, lo preserva y lo expone bajo las luces de los centros de arte más importantes del mundo. 

Al despojar al crimen de la narrativa amarillista, Margolles transforma el tabú en un memorial. Sus piezas, no siempre obvias ni explícitas desde un inicio, atraen primero por su sobriedad y, una vez que revelan su origen, quiebran esa distancia contemplativa. Más allá de ver una obra de arte, el espectador está parado frente a la evidencia de un país atravesado por la violencia.



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