A raíz de la intensificación de las redadas de ICE desde que Donald Trump asumió su segundo mandato, surge un momento oportuno para revisar la obra de Noelle Mason. Mason lleva más de una década haciendo exactamente lo que las autoridades no quieren: devolver la humanidad a individuos que los sistemas de vigilancia intentan convertir en sombras, "aliens" o meras estadísticas de criminalidad.
Su serie X-Ray Vision vs. Invisibility parte de imágenes recopiladas en bases de datos públicas del gobierno estadounidense. El archivo incluye radiografías de retrodispersión (backscatter), registros satelitales y fotografías infrarrojas capturadas tanto por la Patrulla Fronteriza como por grupos de vigilantes civiles.
Originalmente, estas imágenes fueron diseñadas para identificar y procesar evidencia criminal. En ellas, personas hacinadas en camiones o escondidas en maletas aparecen como siluetas despojadas de nombre e historia. En el léxico de control fronterizo, el ser humano es reducido al término "cuerpo", un objeto que debe ser detectado y procesado.
Mason se rebela contra esa frialdad y rapidez tecnológica del siglo XXI a través de procesos artesanales y lentos. Entre ellos destaca el colodión húmedo, una técnica fotográfica de 1851 que requiere verter una mezcla de nitrato de plata sobre una placa de vidrio. La placa debe ser expuesta y revelada mientras aún está húmeda; si se seca, la imagen se pierde. Al usar este método, Mason otorga a la imagen digital una presencia única.
En su serie Coyotaje, la artista logra esta transformación a través del bordado, un proceso aún más lento. Cada puntada corresponde a un píxel de la imagen infrarroja original. Frente a la inmediatez del clic de la vigilancia, el bordado exige meses de labor manual.
Mason se alinea con una corriente de artistas que se apropian de materiales de control para subvertirlos. Hank Willis Thomas trabaja con archivos de publicidad racista para cuestionar la imagen del cuerpo negro; Trevor Paglen fotografía infraestructuras de espionaje y las convierte en objetos estéticos; y Taryn Simon, en The Innocents, documentó a personas falsamente condenadas usando los mismos retratos de identificación que las incriminaron.
En el contexto mexicano, está la obra de Teresa Margolles. Al igual que Mason, Margolles utiliza residuos del sistema —como el agua utilizada para lavar cadáveres en morgues o telas impregnadas de sangre— para materializar la violencia que el Estado intenta normalizar.
En sus declaraciones sobre la ética de la apropiación, Mason ha descrito su posición como la de una "forastera que usa la fotografía, una no nativa, o inmigrante del medio". Al no tener acceso directo a la frontera, reconoce su distancia al problema. No intenta "ser" el migrante, sino trabajar con los desechos visuales que el sistema produce y deja disponibles.
En un momento en que la frontera se cierra con un muro y con tecnología deshumanizante, la obra de Mason nos recuerda que, mientras la vigilancia busca invisibilizar personas para facilitar su expulsión, el arte tiene el poder de devolverles su derecho a no ser simplemente un dato en una pantalla.