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Los Prerrafaelitas. Cuando el romanticismo fue llevado al extremo

En 1848, tres jóvenes de apenas 20 años crearon una sociedad secreta para rebelarse contra la pintura de su época. Firmaban con las siglas P.R.B. y pintaban con una obsesión botánica y humana que indignó a figuras como Charles Dickens. Entre bañeras heladas, críticas feroces, amores cruzados y manuscritos exhumados, la Hermandad Prerrafaelita convirtió la búsqueda de la belleza en una experiencia radical.


Por Liz Navarro

Tenían 19, 20 y 21 años y estaban convencidos de que la pintura británica había perdido algo esencial. En 1848, John Everett Millais, William Holman Hunt y Dante Gabriel Rossetti fundaron en Londres una sociedad secreta con un nombre deliberadamente provocador: la Hermandad Prerrafaelita. Su propósito era recuperar una intensidad que, según ellos, el arte había perdido desde Rafael. En plena era industrial, encontraron su revolución mirando hacia la Edad Media y el primer Renacimiento.

Las siglas P.R.B., de Pre-Raphaelite Brotherhood, comenzaron a aparecer misteriosamente en sus cuadros. Al principio, el público ni siquiera sabía qué significaban. Los jóvenes rechazaban las fórmulas académicas que dominaban la enseñanza artística y admiraban la precisión, el color y la sinceridad que encontraban en el arte anterior al Alto Renacimiento. Pintaban cada hoja, piedra, rostro y reflejo con una enfoque casi obsesivo.

Su radicalidad también estaba en la manera de trabajar. Por ejemplo, en lugar de construir paisajes idealizados dentro del estudio, salían a pintar directamente de la naturaleza y perseguían una luminosidad extraordinaria aplicando colores intensos sobre fondos blancos. En Ophelia, Millais pasó meses junto al río Hogsmill registrando minuciosamente la vegetación. Cada flor podía reconocerse botánicamente y muchas tenían además un significado relacionado con Shakespeare y con el lenguaje victoriano de las flores.

Elizabeth Siddal, una de las modelos más vinculadas al círculo prerrafaelita, prestó su rostro y su cuerpo a aquella Ofelia. Para conseguir la imagen de la joven flotando antes de morir, posó vestida durante horas dentro de una bañera. Millais mantenía el agua caliente con lámparas colocadas debajo, pero un día se apagaron y continuó trabajando mientras el agua se enfriaba. Siddal enfermó y su padre exigió al pintor que cubriera los gastos médicos. Esta imagen, hoy convertida en uno de los grandes iconos del arte británico, nació de una búsqueda casi extrema de verosimilitud.

La propuesta de estos jóvenes provocó también fuertes reacciones entre sus contemporáneos. Cuando Millais presentó Christ in the House of His Parents en 1850, Charles Dickens fue especialmente severo con la obra. Le molestaban la apariencia ordinaria de la Sagrada Familia y el realismo del taller de carpintería. Esa crudeza formaba parte de su ruptura con las convenciones académicas. Ellos buscaban precisamente ese realismo, donde los personajes religiosos podían tener manos trabajadas, suciedad, heridas y cuerpos reconociblemente humanos.

John Ruskin, el crítico más influyente de la Inglaterra victoriana, terminó convirtiéndose en uno de sus grandes defensores. Encontró en estos jóvenes una búsqueda cercana a su propia defensa de la fidelidad a la naturaleza y los apoyó públicamente, contribuyendo a legitimar el movimiento. La relación tendría además un inesperado capítulo personal. Effie Gray, esposa de Ruskin, se enamoró de Millais y terminó casándose con él después de conseguir la anulación de su matrimonio.

Con Rossetti, el prerrafaelismo adquirió una sensualidad que marcaría profundamente su imagen posterior. Sus pinturas se poblaron de figuras femeninas monumentales, cabelleras abundantes, colores saturados, flores y joyas cargadas de asociaciones literarias y simbólicas. Elizabeth Siddal, Jane Morris y Fanny Cornforth aparecen repetidamente en su obra y contribuyeron a definir esa estética. Siddal desarrolló además una trayectoria propia como artista y poeta dentro del círculo prerrafaelita.

La fascinación por el amor, la belleza y la muerte alcanzó con Rossetti uno de sus episodios más extremos. Cuando Siddal murió en 1862, el artista colocó junto a su cuerpo un manuscrito con sus poemas y lo enterró con ella. Siete años después, arrepentido de haber renunciado a esos textos, obtuvo permiso para exhumar el ataúd y recuperarlos. Pocas historias resumen mejor la intensidad sentimental, estética y biográfica que acabaría rodeando al universo prerrafaelita.

Aunque la Hermandad original duró apenas unos años, artistas como Edward Burne-Jones y William Morris dieron continuidad a muchas de sus ideas. Retomaron el medievalismo y la valoración del trabajo artesanal y, con Morris, estos principios llegaron a textiles, mobiliario, libros e interiores, vinculándose con el desarrollo del movimiento Arts and Crafts. 

Los prerrafaelitas quisieron devolver al arte la intensidad que creían perdida y terminaron construyendo un mundo propio. Naturaleza observada hasta el último pétalo, amores convertidos en mitología, mujeres que parecían pertenecer a otra época, literatura medieval, Shakespeare, religión, deseo y muerte convivieron en sus obras. Pocas veces el romanticismo había llevado tan lejos la aspiración de convertir la vida entera en una experiencia estética.



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