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Marius de Zayas, el mexicano que abrió las puertas del arte moderno en Nueva York

Las grandes transformaciones culturales no dependen únicamente de quienes crean las obras, sino también de quienes saben reconocerlas antes que los demás. Marius de Zayas dedicó su vida a esa tarea. Gracias a su mirada, Nueva York abrió sus puertas a una generación de artistas que terminaría por transformar la historia del arte moderno, y un mexicano estuvo en el centro de esa revolución cultural.


Por Liz Navarro

 

 

Hay nombres que aparecen una y otra vez cuando se habla del nacimiento del arte moderno. Picasso, Braque, Cézanne o Brancusi ocupan un lugar indiscutible en esa historia. Mucho menos conocido es el hombre que contribuyó a que esas obras encontraran un nuevo público al otro lado del Atlántico. Se llamaba Marius de Zayas, nació en Veracruz en 1880 y desempeñó un papel decisivo en la llegada de las vanguardias europeas a Nueva York, justo cuando la ciudad comenzaba a convertirse en uno de los grandes centros culturales del siglo XX.

Su historia dio un giro cuando su padre, Rafael de Zayas Enríquez —jurista, periodista y poeta— abandonó México por razones políticas durante el porfiriato y se estableció con su familia en Nueva York. Allí, Marius comenzó a trabajar como caricaturista para The World, donde desarrolló un lenguaje gráfico que llamaba la atención por su capacidad para condensar la personalidad de escritores, artistas y figuras públicas en unos cuantos trazos. Aquellos dibujos lo llevaron hasta Alfred Stieglitz, quien reconoció de inmediato su talento y comenzó a exhibir su obra en la célebre galería 291, uno de los espacios que transformaría para siempre el panorama artístico estadounidense. 

En 1910, Stieglitz lo envió a París para recorrer talleres, visitar exposiciones y descubrir a los artistas que estaban redefiniendo la pintura europea. Durante más de un año, De Zayas frecuentó a pintores, marchantes y escritores en el momento exacto en que el cubismo comenzaba a tomar forma. Entre todos ellos, una figura despertó especialmente su interés: Pablo Picasso.

En enero de 1911 publicó en la revista American una extensa conversación con el pintor malagueño, considerada la primera entrevista dedicada a Picasso en Estados Unidos. Apenas unos meses después colaboró en la organización de la primera exposición individual del artista español en ese país, integrada por ochenta y tres dibujos y acuarelas presentados en la galería 291. Para un público que apenas comenzaba a enfrentarse a aquellas imágenes fragmentadas, De Zayas escribió algunos de los primeros textos destinados a explicar el sentido del cubismo y defendió la libertad creativa de Picasso cuando su obra todavía despertaba desconcierto. 

Su curiosidad iba mucho más allá de un solo artista. Mientras recorría París comprendió que la renovación del arte europeo estaba ocurriendo de manera simultánea en distintos frentes. A su regreso a Nueva York impulsó la obra de Georges Braque, Francis Picabia y Paul Cézanne, al tiempo que acercaba al público estadounidense a un lenguaje visual que aún parecía desconcertante para buena parte de la crítica. 

Aquella capacidad para reconocer el alcance de las nuevas ideas volvió a manifestarse en 1914, cuando organizó en 291 una exposición dedicada a la escultura africana. En una época en la que esas piezas eran vistas casi exclusivamente como objetos etnográficos, De Zayas defendió su valor artístico y mostró su influencia en la transformación de la pintura moderna. Un año después profundizó esa lectura al reunir obras de Picasso y Braque con relicarios Kota procedentes de Gabón, estableciendo un diálogo visual que ayudó a replantear el lugar del arte africano dentro de la historia de las vanguardias. 

Entre 1915 y 1918 se convirtió en el alma de la Modern Gallery, instalada sobre la Quinta Avenida. Desde ese espacio organizó exposiciones dedicadas a Pablo Picasso, Francis Picabia, Georges Braque, Paul Cézanne, Vincent van Gogh, Constantin Brancusi y Diego Rivera, cuya etapa cubista encontró en Nueva York un escaparate privilegiado gracias a su impulso. En 1919 inauguró una galería con su propio nombre, aunque apenas dos años después regresó a París, donde continuó organizando exposiciones y ampliando una colección personal que reunía algunas de las obras más significativas de su tiempo. Entre ellas figuraba Woman with a Book (Femme avec un livre), de Pablo Picasso, pintura que hoy forma parte de la colección del Museum of Modern Art de Nueva York. 

Caricaturista, escritor, galerista, promotor, coleccionista y crítico, Marius de Zayas entendía que las obras necesitaban también espacios donde pudieran discutirse, exhibirse y encontrar espectadores capaces de comprenderlas. Esa convicción lo llevó a convertirse en uno de los grandes mediadores culturales de las primeras décadas del siglo XX. Su influencia fue tan amplia como silenciosa, hasta el punto de quedar eclipsada por los nombres de muchos de los artistas cuya carrera ayudó a impulsar. 

Décadas después, esa historia comenzó a reconstruirse gracias a su hijo, Rodrigo de Zayas, músico, escritor y erudito, quien dedicó años a reunir documentos, traducir textos inéditos y publicar la primera gran monografía sobre la vida y la obra de su padre. Ese trabajo permitió recuperar un archivo excepcional y devolver a Marius de Zayas el lugar que le corresponde dentro de la historia del arte del siglo XX. 



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