Antes de convertirse en uno de los escritores más influyentes del siglo XX, William S. Burroughs ya era conocido dentro de ciertos círculos literarios por un episodio ocurrido en la Ciudad de México en 1951: la muerte de Joan Vollmer, su esposa y una de las figuras más importantes en la formación temprana de la Beat Generation. Décadas después, el propio Burroughs escribiría que aquel acontecimiento marcó el origen de su necesidad de escribir.
Cuando Burroughs llegó a México en 1949, todavía no era el autor de Naked Lunch. Tenía treinta y cinco años, enfrentaba problemas legales en Estados Unidos relacionados con posesión de armas y drogas y buscaba mantenerse fuera del radar judicial mientras se instalaba junto a Joan Vollmer en la colonia Roma, entonces un barrio habitado por expatriados, estudiantes y artistas extranjeros. La Ciudad de México apareció para varios escritores beat como un territorio relativamente barato, permisivo y distante de las restricciones morales de la posguerra estadounidense.

En esos años, México también funcionó como una extensión natural del circuito beat. Jack Kerouac y Allen Ginsberg visitaban con frecuencia la ciudad. Plaza Luis Cabrera, en la Roma, se convirtió en uno de los puntos de reunión del grupo, mientras los bares, departamentos y cafés de la zona terminaron integrándose a la mitología literaria de la generación. Muchos de esos recorridos aparecerían más tarde transformados en novelas, cartas y poemas.
Pero Joan Vollmer ocupaba un lugar mucho más importante que el de acompañante o figura secundaria. Antes incluso del reconocimiento de Kerouac o Ginsberg, su departamento en Nueva York había funcionado como uno de los núcleos intelectuales donde comenzó a consolidarse el pensamiento beat. Era reconocida por su agudeza crítica y por la intensidad de las conversaciones que sostenía durante aquellas largas noches atravesadas por literatura, filosofía, anfetaminas y jazz. Allen Ginsberg la consideraba una de las mentes más brillantes de su entorno.

No es ningún secreto que la relación de Vollmer y Burroughs estuvo marcada por la dependencia, el alcoholismo y las tensiones derivadas de la homosexualidad de Burroughs, algo nunca oculto dentro de su círculo cercano. En México, ese desgaste se volvió todavía más evidente. Burroughs retomó el consumo de heroína, frecuentaba bares de la ciudad y llevaba armas consigo de manera habitual. Al mismo tiempo, Vollmer atravesaba un deterioro físico y emocional severo. Amigos cercanos describieron años después una convivencia profundamente inestable.

El 6 de septiembre de 1951 ocurrió el episodio que marcaría el resto de la vida de Burroughs. Durante una reunión en un apartamento sobre el entonces Bounty Bar, en la colonia Roma, el escritor intentó disparar a un vaso de ginebra colocado sobre la cabeza de Joan Vollmer en una representación "inspirada" en Guillermo Tell. El disparo la mató.
Burroughs fue detenido y trasladado a la cárcel de Lecumberri, el célebre “Palacio Negro”, una de las prisiones más temidas de México durante el siglo XX. Permaneció ahí apenas unas semanas antes de recuperar su libertad gracias al abogado Bernabé Jurado, figura legendaria y profundamente polémica dentro de la historia criminal mexicana, conocido por defender casos de enorme impacto mediático mediante estrategias tan espectaculares como controvertidas. Tiempo después, Jurado abandonaría el país tras verse involucrado en otro caso violento de alto perfil.

La versión de lo ocurrido cambió con los años. Burroughs ofreció distintos relatos del episodio y el caso quedó rodeado por interpretaciones contradictorias, testimonios fragmentarios y especulaciones que nunca terminaron de resolverse del todo. Algunos amigos cercanos insistieron en que se trató de un accidente; otros nunca dejaron de sospechar una intención más oscura. La propia figura de Joan Vollmer terminó absorbida por esa incertidumbre histórica.
Lo que sí resulta claro es el lugar que ese acontecimiento ocupó dentro de la construcción literaria de Burroughs. Años más tarde escribió: “Me veo obligado a llegar a la terrible conclusión de que jamás me habría convertido en escritor de no ser por la muerte de Joan”. También describió aquel episodio como el inicio de una lucha permanente contra lo que llamó “el Espíritu Feo”, una presencia invasiva que identificó con la violencia, la adicción y la pérdida de control.
A partir de entonces, su obra comenzó a desarrollar el universo fragmentado y paranoico que definiría libros como Naked Lunch, Junky y Queer. El control, la manipulación del cuerpo, la dependencia química y la violencia dejaron de aparecer como provocaciones aisladas para convertirse en el centro de su literatura. Burroughs alteró radicalmente la narrativa tradicional mediante asociaciones libres, cortes de texto y estructuras discontinuas que terminarían influyendo en escritores, músicos y cineastas de generaciones posteriores.

México ocupa un lugar decisivo dentro de esa transformación. Queer, escrita inicialmente poco después de la muerte de Vollmer aunque publicada hasta 1985, retrata una Ciudad de México nocturna, errante y atravesada por deseo, alcohol y obsesión. Muchos de sus escenarios provienen directamente de esos años en la Roma y de los espacios frecuentados por Burroughs y otros integrantes de la Beat Generation. Para Kerouac, Ginsberg y Burroughs, la ciudad funcionó como un espacio de fuga respecto a Estados Unidos; para Burroughs terminó convirtiéndose también en el escenario de un quiebre irreversible.
La dimensión cultural del caso se volvió todavía más compleja con el paso del tiempo. Burroughs sería celebrado como una figura central de la contracultura estadounidense, admirado por músicos, artistas y cineastas. David Bowie, Patti Smith, Kurt Cobain y David Cronenberg reconocieron la influencia de su obra. Cronenberg adaptó Naked Lunch al cine en 1991 y recientemente Luca Guadagnino llevó Queer a la pantalla en una versión protagonizada por Daniel Craig, reactivando el interés por los años que Burroughs pasó en la Ciudad de México y por el episodio que marcaría su trayectoria literaria.

La figura de Burroughs continúa generando una tensión difícil de resolver. Su obra modificó profundamente la literatura contemporánea, pero la muerte de Joan Vollmer permanece inseparable de su biografía y de la manera en que él mismo explicó el origen de su escritura. La discusión rebasa la pregunta sobre separar obra y autor. También obliga a pensar cómo se construyen los mitos culturales, qué figuras quedan desplazadas dentro de ellos y de qué manera ciertas historias terminan definiendo la memoria de toda una generación