“Cuando abril, con sus dulces lluvias, ha penetrado hasta la raíz la sequía de marzo y ha bañado cada vena con tal licor”, como escribiera Geoffrey Chaucer, aparece el número 31 de Liber. A la manera de un Aleph, toda estación es un punto de encuentro desde el que vislumbramos la creación artística, la memoria histórica y las tradiciones que definen nuestra identidad. En la presente edición primaveral de 2026, ofrecemos a nuestros lectores un recorrido que va desde la lírica operística hasta el misticismo de la repostería hispanoamericana tradicional: un auténtico festín para la pentagonía de los sentidos.
El viaje comienza con el homenaje que nuestra revista rinde al destacado tenor Francisco Araiza, quien en 2025 festejó 75 años y 55 de trayectoria. El especialista Francisco Méndez Padilla nos brinda una semblanza de la carrera de uno de los más admirados exponentes del arte lírico nacido en nuestro país, en la que se resaltan sus actuaciones en recintos tan emblemáticos como los de Viena y Salzburgo y su maestría en la interpretación de las óperas de Mozart y Rossini. Pionero en las grabaciones digitales, el legado de Araiza trasciende el escenario, como atestigua su prolífica carrera discográfica. El historiador de la ópera en México José Octavio Sosa documenta esa trascendencia con una cronología de las presentaciones en México desde 1969 hasta 2018 y una detallada discografía. Con registros que abarcan desde el lied alemán (Schubert) hasta el verismo y la ópera francesa, el gran tenor colaboró con titanes de la dirección orquestal como Karajan, Abbado, Marriner y Davis.
Otra figura central de la música contemporánea es György Kurtág (1926), quien el pasado 19 de febrero cumplió 100 años, convirtiéndose en el primer compositor clásico en alcanzar esa edad. Juan Arturo Brennan examina el lenguaje de este “maestro de la intensidad expresiva”, cuya obra se define por la economía musical y un profundo arraigo en la cultura húngara. Al respecto, compuso varias piezas para el instrumento por excelencia de esta tradición: el cimbalom.
En el ámbito literario, la atención mediática se concentra en el centenario de Jaime Sabines (1926–1999). Rafael Antúnez aborda los últimos años del “poeta más leído de México”, con el apoteósico homenaje en el Palacio de Bellas Artes, celebrado el 30 de marzo de 1996, como eje para ponderar el legado de quien “tendió un puente entre su soledad y la soledad de los lectores”. Complementamos esta visión con “Sabines al natural”, crónica en la que el poeta y editor Fernando Fernández relata una sesión fotográfica de noviembre de 1994 que captura al autor de Los amorosos, para entonces quebrantado de salud, en un momento de “enojo seco” y hastío. Aunque se negó a ser entrevistado, aceptó posar para Roberto Portillo. Inéditas por mucho tiempo, estas fotografías acompañan la crónica de esa visita.
Uno de los hitos cinematográficos del pasado año fue la nueva versión de Frankenstein. Leonardo García Tsao, a quien damos la bienvenida en nuestras páginas, analiza en una reseña tan entusiasta como erudita la obra maestra de Guillermo del Toro. Esta adaptación transforma a la desdichada criatura en un “nuevo Adán”; y al clásico relato de terror, en una historia de perdón y redención que destaca dentro de la filmografía del monstruo, que, con Drácula, es el más popular del cine.
No todo en el presente es júbilo y reconciliación. Ante la procelosa actualidad se requieren ideas que aclaren los barruntos tormentosos. Ricardo Cayuela Gally aborda Mar de dudas (2025), libro en el que su autor, Carlos Bravo Regidor, entrevista a catorce intelectuales para navegar con rumbo cierto por las bravías corrientes del populismo, la desigualdad económica y la crisis de la democracia representativa.
Por su parte, el poeta José Homero plantea una semblanza de Bad Bunny, cuya música y figura han sido cuestionadas públicamente a raíz de su éxito y exposición mediática global. El autor argumenta que las objeciones son en gran medida prejuiciosas y no reparan en su aportación al género del reguetón ni en el mensaje del cantante sobre la autonomía femenina y la defensa de Puerto Rico.
Para dejar a nuestros lectores con un grato sabor de boca, nos despedimos con un reportaje que explora el vínculo entre la fe y el paladar. “Dulces celestiales para adorar a Dios” de Felipe Jiménez nos informa que a través de las tortitas de Santa Clara, las glorias y las coyotas, además de dulces españoles como los huesos de santo y la tarta de Santiago, se alaba a la divinidad a través del gusto.
Con este banquete de ideas y sabores, que esperamos disfruten como “el prado por abril de flores lleno” (Garcilaso), damos inicio a un nuevo ciclo pletórico de memoria, sensibilidad y regocijo sensorial.