Imagen: Detalle de Cazando Estrellas (1967) — Sofía Bassi.
Artes Visuales

Sofía Bassi: Surrealismo para transitar el encierro

Sofía Bassi (1913–1998) desarrolló una producción amplia que abarca pintura, escritura y obra mural, pero su nombre sigue ocupando un lugar discreto, incluso dentro del arte surrealista mexicano. En esa recepción pesan varios factores: los años que pasó en prisión tras un caso ampliamente difundido, la presencia de temas ligados a la alquimia y sus propias afirmaciones sobre el origen de sus imágenes. Ese conjunto ha marcado la manera en que se ha leído su trabajo y abre la necesidad de volver a mirarlo con mayor atención.


Por Liz Navarro

El surrealismo femenino en México suele asociarse casi exclusivamente con los nombres de Remedios Varo y Leonora Carrington. Ese recorte ha dejado en segundo plano a una artista que desarrolló un lenguaje propio desde una trayectoria poco habitual y cuya obra ha sido leída durante mucho tiempo a partir de su biografía. Sofía Bassi comenzó a pintar en 1964, pasados los cincuenta años, sin formación académica, y construyó en pocas décadas un universo visual insistente y reconocible.Nacida como Sofía Celorio Mendoza, inició su carrera bajo el nombre de Sofía Bassi, apellido de su esposo, el italiano Gianfranco Bassi, con el que sería reconocida en el ámbito artístico. Su entrada al campo artístico no siguió una ruta convencional, pero desde sus primeras obras aparece una preocupación constante por construir escenas que no dependen de un referente directo. Sus composiciones se organizan desde dentro, como si respondieran a una lógica propia más que a la observación del entorno.

Retrato de Sofía Bassi en su estudio — © Fundación Sofía Bassi.

 

En ese universo visual, el huevo aparece una y otra vez. Se integra a la estructura de la escena, a veces como contenedor, a veces como elemento que organiza el espacio. En pinturas como Cazando estrellas, esa presencia cambia la manera en que se percibe la escena. Las figuras aparecen dentro de un espacio cerrado, sin un horizonte claro, como si todo ocurriera en un mismo plano. La imagen sostiene una atmósfera sin referencia a un lugar reconocible.

Esa constante encuentra su forma más clara en el Ovosarcófago. Se trata de una pieza que se exhibe por primera vez, en forma de huevo, en la que Bassi pasó cerca de diez años pintando un universo de estrellas. La obra retoma una forma presente en su pintura y la convierte en un espacio habitable.

El Ovosarcófago (1988–1998) — Instalación de Sofía Bassi.

 

Su cercanía con escritores e intelectuales permitió que su obra encontrara interlocutores. Salvador Elizondo publicó en 1974 Los continentes del sueño, un libro que reunió setenta de sus piezas y propuso una lectura que vinculaba su pintura con una experiencia mental más amplia. En ese mismo entorno aparece María Félix, una figura que marcó a numerosos artistas de su tiempo. Bassi también la pintó. En su versión, la imagen reconocible de “La Doña” se integra al mismo sistema visual que estructura el resto de su obra.

María Félix por Sofía Bassi — Retrato de María Félix.

 

En 1968 su vida atravesó un episodio que marcó la recepción de su obra. Fue sentenciada a once años de prisión en Acapulco tras un caso relacionado con la muerte de su yerno, un hecho que ella asumió públicamente y que, según distintas versiones, estuvo ligado a la intención de proteger a su hija. Cumplió cinco años de esa condena.

En esos años, la red de apoyo de otros colegas artistas fue decisiva. Rafael Coronel, Francisco Corzas, José Luis Cuevas y Alberto Gironella se mantuvieron cerca. Le hacían llegar materiales, gestionaban apoyos y ayudaban a sostener su trabajo dentro de la prisión.

En ese tiempo produjo cerca de 275 obras, firmadas como “ELC” (en la cárcel), donde las escenas se reducen a espacios más cerrados y las figuras se vuelven más presentes. De esa experiencia surgió también el libro Bassi… Prohibido pronunciar su nombre (1978), donde recoge lo vivido y lo lleva al terreno de la escritura.

Kati Horna, Sin título (1965) — Fotografía de Kati Horna.

 

En 1969 pintó La calumnia dentro de la cárcel de Acapulco, donde se representó rodeada de figuras de autoridad en una escena que mezcla observación directa y construcción imaginada. Ese mismo año, desde prisión, vio la transmisión del alunizaje. La imagen dio lugar a Viaje espacial (1969), una pintura que retoma esa idea de desplazamiento desde su propio lenguaje. La obra fue llevada al Salón de la Fama de la NASA y más tarde ingresó a la colección del Smithsonian.

Detalle de la esposición.

 

Su relación con lo esotérico formó parte de su manera de trabajar. Bassi hablaba de una entidad llamada Alfolí, a quien atribuía parte de su inspiración, y la vinculaba con las ideas de Franz Mesmer sobre fuerzas que atraviesan el cuerpo. Estas referencias se integran a un sistema de pensamiento que atraviesa su obra y articula el origen de sus imágenes.

A lo largo de su carrera realizó cerca de noventa exposiciones individuales y participó en más de ciento sesenta colectivas. Expuso en México, Estados Unidos, Europa y África. Su obra formó parte de instituciones como el Museo de Arte Moderno, la Maison de l’Amérique Latine en París y el Museo de Tel Aviv. Esa circulación internacional convive con una presencia más discreta dentro de los relatos más difundidos del arte mexicano del siglo XX.

Cazando Estrellas (1967) — Sofía Bassi.

 

En 2023 se creó la Fundación Sofía Bassi con el propósito de preservar y promover su obra original y su archivo documental. En ese mismo contexto, una muestra de su trabajo se presenta en la Galería Georgina Pounds, en Casa Lamm, en la Ciudad de México. La exposición reúne más de sesenta pinturas y dibujos y permite acercarse a un cuerpo de obra que durante años circuló de forma fragmentaria. La galería ha construido su programa en diálogo con el surrealismo en México, lo que sitúa la obra de Bassi dentro de una conversación que durante mucho tiempo la dejó al margen.



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