En 1943, Charlotte Salomon tomó un paquete de cientos de pinturas, se lo entregó a un médico amigo en el sur de Francia y le dijo una frase que hoy resulta imposible leer sin estremecerse: “Guarda esto, es toda mi vida”. Dentro de aquel conjunto había algo difícil de clasificar incluso ahora. Charlotte había pasado casi dos años trabajando obsesivamente en una obra monumental donde mezcló imágenes, textos, canciones, recuerdos familiares y composiciones teatrales para registrar el derrumbe de su mundo mientras Europa avanzaba hacia el exterminio.Tenía poco más de veinte años y vivía escondida.

Charlotte nació en Berlín en 1917 dentro de una familia judía culta y profundamente marcada por una cadena de suicidios femeninos que durante años permaneció oculta para ella. Su madre murió cuando Charlotte era apenas una niña; le dijeron que había fallecido de influenza. Tiempo después descubriría la verdad: se había quitado la vida. La revelación llegó en Francia, después del suicidio de su abuela, cuando comprendió que aquella historia se repetía generación tras generación dentro de su propia familia.
Esa revelación modificó radicalmente su relación con el arte. Hasta entonces había estudiado pintura en la Academia de Bellas Artes de Berlín, donde destacó de forma excepcional pese a las restricciones crecientes contra estudiantes judíos bajo el régimen nazi. Sus profesores reconocían un talento inusual para construir imágenes cargadas de teatralidad y tensión psicológica. Sin embargo, el ascenso del antisemitismo volvió imposible cualquier futuro dentro de Alemania.

En 1939 huyó al sur de Francia para reunirse con sus abuelos cerca de Niza. Europa estaba entrando en guerra y Charlotte comenzó a vivir bajo una sensación constante de encierro, persecución y fragilidad mental. Fue entonces cuando un médico cercano a la familia le sugirió que pintar podía mantenerla con vida.
La respuesta de Charlotte adquirió una dimensión desbordante. Entre 1940 y 1942 produjo más de 700 gouaches que terminarían conformando ¿Vida? ¿o Teatro? (Leben? oder Theater?), una de las obras más singulares del siglo XX. Cada imagen funciona como parte de una narración total donde conviven pintura, literatura, dramaturgia, memoria autobiográfica y anotaciones musicales. Las escenas incluyen instrucciones sonoras, fragmentos de diálogo, canciones populares, referencias a Schubert o Mozart y secuencias visuales que avanzan como si fueran fotogramas teatrales.
Décadas antes de que existiera el concepto de novela gráfica contemporánea, Charlotte había construido un lenguaje híbrido imposible de encasillar. Sus pinturas no fueron concebidas como piezas aisladas para exhibirse en una pared; forman un flujo narrativo continuo donde la imagen y la escritura dependen una de la otra. La obra funciona al mismo tiempo como archivo íntimo, puesta en escena, testimonio psicológico y crónica del colapso europeo.

Algo impresionante es la velocidad con la que trabajó. Charlotte parecía pintar contra el tiempo. Muchas imágenes presentan colores intensos, perspectivas inclinadas, rostros simplificados y composiciones que recuerdan el expresionismo alemán, pero atravesadas por una sensibilidad profundamente personal. Hay escenas familiares, episodios amorosos, discusiones intelectuales y momentos donde el miedo comienza a invadirlo todo. A medida que avanza la obra, el tono se vuelve más oscuro y fragmentado.
Resulta inevitable pensar en el contraste entre la vitalidad visual de ¿Vida? ¿o Teatro? y el contexto donde fue creada. Charlotte desarrolló esa obra mientras miles de judíos comenzaban a desaparecer de Europa. En 1943 fue denunciada, arrestada por la Gestapo y deportada a al campo de concentración de Auschwitz. Tenía a penas 26 años y estaba embarazada de cinco meses. Fue asesinada poco después de llegar.

Las pinturas sobrevivieron. Después de la guerra, el médico que había conservado el paquete lo devolvió al padre y a la madrastra de Charlotte. Hoy ¿Vida? ¿o Teatro? es considerada una de las grandes obras de resistencia cultural del siglo XX, una creación nacida en medio del trauma, el exilio y la persecución, en la que una joven artista convirtió la pintura en el último refugio de la memoria antes de que todo desapareciera.