A Carla Rippey se le suele colocar en los discursos sobre arte en México como “artista gráfica”. Sin embargo, una relectura reciente de su trabajo por generaciones más jóvenes de alumnos y colegas, a la luz de conceptos recientes y rescatados desde una perspectiva actual, permite ubicarla en un abanico más amplio e intrincado de posibilidades para nombrar su práctica.
El hilo conductor de todo su trabajo es su colección de imágenes, que está casi perfectamente clasificada, ordenada y archivada por ella misma. Este archivo es como una bitácora de vida, el cual funciona como referente para ser intervenido desde distintas narrativas, referencias cruzadas, fantasías y traumas: abreva de otras colecciones a la vez que produce una(s) propia(s). Imágenes encontradas que son a la vez editadas, re-construidas. Hechos y ficción intrincados en nuevos puntos de vista y narrativas. Además de ser fuente de reflexiones y salidas artísticas diversas, es un archivo que refleja una manera de procesar el “sobreacceso” a la información que existe hoy en día, para desembocar en un trabajo cercano a lo que Hal Foster define como “impulso de archivo” (archive impulse): “La práctica artística como sondeo idiosincrático de figuras, objetos y acontecimientos concretos del arte, la filosofía y la historia modernos”. Una forma de “conectar lo que no se puede conectar” (que logra a menudo con correspondencias formales) con una voluntad no-totalizadora por hacer relaciones, sondear un pasado extraviado y averiguar qué puede quedar en el presente3. La obra de Rippey parte del uso de su archivo como pensamiento, como estrategia de organización y entendimiento del pasado para intentar comprender el presente.
La obra de Rippey parte del uso de su archivo como pensamiento, como estrategia de organización y entendimiento del pasado para intentar comprender el presente.
Sushi heroico 2, técnica mixta, 2009.
De manera paralela a sus investigaciones técnicas y formales, el énfasis en ciertos temas específicos de su trabajo ha variado y se ha actualizado. Sin embargo, una constante en su trabajo ha sido el impulso de contraponer lo diario con lo insólito, así como una serie de ideas desdobladas entre las que se encuentran historias de migración e identidad, lo cotidiano y el desastre, lo perdurable y lo efímero, lo doméstico y lo salvaje. El dibujo le ha servido como herramienta para articular su existencia, y sus meticulosos archivos actúan como especies de “borradores de pensamiento”, un collage de intereses e influencias “en digestión” para encontrar salida en grabados, transferencias, fotografías intervenidas, collages, instalaciones y libros de artista. Encontrar, cortar, re-contextualizar y dar nuevos significados está también relacionado con el concepto de “fragmentación positiva” o “estética del collage”. Este enfoque continúa siendo sorprendentemente vigente, décadas después de que Lucy Lippard lo acuñara en los años setenta para referirse al trabajo de las mujeres feministas que “mezclan y combinan fragmentos para crear un nuevo todo” a partir de un instinto curativo de utilizar la conciencia (política, económica, social) como “pegamento” para inventar algún tipo de “nuevo orden”4. En el caso específico de Rippey, su práctica se define por un carácter artesanal y de trabajo manual, en coincidencia y convivencia con el uso de tecnologías recientes: lo histórico, lo arcaico y lo contemporáneo se encuentran en sus piezas después de llevar a cabo procesos detallados de búsqueda entre lo análogo y lo virtual.
Carla Rippey en su estudio. Fotografía de Armando Cabrera, 2025.
Quizá una de las razones más evidentes por las que Carla no puede ser más encasillada en el dibujo o en el grabado sea el continuo desarrollo y evolución en su manera de trabajar, desde su infancia hasta hoy, para consolidar su archivo. Desde las actividades creativas ideadas por su madre durante su niñez, su metodología de trabajo evolucionó a la par de la experimentación con las nuevas tecnologías que fueron apareciendo con posibilidades renovadas de experimentación, intervención y creación de imágenes. A lo largo de los años, desde la década de los cincuenta hasta la fecha, la artista ha adaptado a su proceso de trabajo el surgimiento de nuevas posibilidades de creación aplicables, derivadas de innovaciones tecnológicas. Es importante notar cómo la existencia, la función y el acceso a nuevas herramientas y sus posibilidades en el ámbito artístico han cambiado desde los años setenta en que la artista comenzó su producción profesional hasta el día de hoy. Sus temas de investigación fueron definiéndose y cambiando de acuerdo con sus intereses y circunstancias de vida, siempre en eco y diálogo con los contextos y acontecimientos sociales y políticos de cada periodo.
1 Fragmento del ensayo “Archivo y edición como pensamiento y obra”, incluido en el libro Carla Rippey, México: Trilce Ediciones, 2025. El título presente es de la redacción.
2 Conversación con la artista, marzo de 2023.
3 Hal Foster, “An Archival Impulse”, October, 110, otoño de 2004.
4 Véase Lucy Lippard, “Making Something from Nothing. Toward a Definition of Women’s Hobby Art”, ensayo de 1978 en Get the Message. A Decade of Art for Social Change. Nueva York: E. P.: Dutton, 1984, <https://goo.su/HuT67UG>.