Durante mucho tiempo, El Pedregal estuvo presente en la obra de Perla Krauze de manera silenciosa. A lo largo de los años, la artista plástica ha construido una práctica centrada en los materiales, los recorridos y la memoria que habita en la materia. Ha trabajado con piedra, agua, plomo, resina y elementos vegetales. Hay un interés profundo por la geología en su obra, aunque no siempre fue nombrado como tal.
Fue solo con el paso del tiempo que Krauze reconoció la influencia de El Pedregal en su trabajo. Estaba en su inclinación por reunir piedras, su atención a las superficies irregulares, su interés por los desplazamientos y su curiosidad por el origen de los materiales. De niña vivió varios años en esa zona, cuando la zona era todavía muy agreste, en los límites de la ciudad. En el libro-catálogo de la exposición Nonsite: El Pedregal revisitado (2025), cuenta que era un lugar de "rocas y más rocas sobre las que caminar, tarántulas, víboras y alacranes, pirules y plantas y desde dónde se podían ver los volcanes a lo lejos." Esta experiencia se tradujo en una sensibilidad material que más tarde se revelaría en su obra, aunque durante décadas permaneció como una influencia silenciosa, no del todo reconocida.
El Pedregal se formó hace aproximadamente 1,700 años a partir de la erupción del volcán Xitle, cuyo derrame de lava cubrió un asentamiento de casi 20,000 habitantes y dio origen a un ecosistema único. La urbanización ha modificado ese paisaje, lo ha fragmentado, reducido y amenazado. Hoy, la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA), dentro del campus de la UNAM, es uno de los pocos espacios donde ese ecosistema volcánico original sobrevive en medio de la expansión urbana.
Fue hasta 2022 que El Pedregal se convirtió por primera vez en el eje central de una exposición de Krauze. Nonsite: El Pedregal revisitado fue una instalación de gran escala compuesta por piedra volcánica, improntas de carboncillo sobre tela, vegetación fundida en aluminio y resinas de color, presentada en el Museo Universitario de Ciencias y Arte (MUCA) de la UNAM, un edificio construido precisamente sobre el mismo derrame lávico del Xitle. Krauze trasladó fragmentos y huellas del paisaje sobre el cual estaba construido el museo a sus salas y así retomó el concepto de nonsite desarrollado por el artista estadounidense Robert Smithson a finales de los años sesenta. Smithson recogía material de sitios geológicos específicos —piedras de canteras, fragmentos de roca de terrenos baldíos— y los llevaba al interior de un museo, lo cual creaba una tensión entre el sitio afuera y su eco dentro de las paredes de la galería.
La exposición quedó inmortalizada en un libro del mismo título, diseñado por Sofía Broid y editado en español e inglés, que reúne imágenes de la muestra y cinco textos escritos desde perspectivas muy distintas: el curador Michel Blancsubé, la geóloga Marie-Noëlle Guilbaud, el vulcanólogo Carles Canet, la directora de la REPSA Silke Cram Heydrich y el filósofo francés Gilles A. Tiberghien. Juntos demuestran que el arte y la ciencia pueden hablar el mismo idioma cuando ambos parten de una curiosidad genuina por el mundo material.