Graciela Iturbide. Sin título, Roma, Italia, 2007. Cortesía de la artista.
Artes Visuales

Futbol y Arte. Esa misma emoción

Muchas veces, cuando pensamos en el fútbol —o en quién lo juega— imaginamos figuras jóvenes que ganan millones de dólares al año. Pero la exposición Fútbol y arte: esa misma emoción, en el Museo Jumex, curada por Guillermo Santamarina y abierta hasta el 26 de julio, nos recuerda que el fútbol es un lenguaje compartido capaz de generar emociones en todo tipo de personas, sin importar su origen. Ante todo, es un deporte colectivo que puede surgir donde quiera que haya espacio, un balón y ganas de compartir.


Por Constanza Martínez Achim

La exposición reúne obras de artistas de distintas partes del mundo y se despliega a través de múltiples formatos –fotografía, video, escultura, instalación y montajes. Estas piezas abordan diversas realidades vinculadas al fútbol: Desde las futbolistas profesionales que en México ganan hasta cien veces menos que sus contrapartes masculinas —a pesar de logros históricos como el subcampeonato en el Mundial Femenil de 1971—, hasta niños en contextos de precariedad o incluso de guerra, pasando por aficionados, comunidades y formas de identidad que se construyen alrededor del juego, el fútbol aparece como un lenguaje compartido que atraviesa realidades muy distintas.

La exposición empieza en la explanada del museo, donde una instalación de butacas provenientes del antiguo Estadio Azteca funciona como punto de reunión,lo que evoca la experiencia de ver un partido en comunidad. Durante el Mundial, este espacio también será habilitado con pantallas para transmitir los partidos; será un lugar de encuentro para los visitantes.

Al subir al tercer piso del museo, una de las intervenciones más inesperadas aparece bajo los pies. En lugar de un suelo convencional, el espacio está cubierto por una cancha de tierra y sus dimensiones corresponden a las de un campo de fútbol, lo que transforma por completo la manera en que se recorre la sala: ya estás en la cancha, lo único que falta son las ganas de jugar.

La exposición muestra distintas realidades del fútbol. Las fotografías de Adam Wiseman muestran a niños de bajos recursos jugando en espacios periféricos. Aquí el fútbol aparece como una constante de alegría y vitalidad dentro de contextos marcados por la precariedad. Por otro lado, la obra textil de Sofía Echeverri —compuesta por pañuelos bordados con frases y relatos de las futbolistas mexicanas del primer Mundial Femenil de 1970— pone el foco en la exclusión histórica de las mujeres en este deporte. Una fotografía de Francisco Mata Rosas, tomada en Tijuana, muestra una tumba marcada con una cruz rosa —símbolo de los feminicidios— y, al frente, un balón colocado junto a la fotografía de la muerta. Aquí el juego ya no está en acción, pero sigue presente como parte de la identidad de esa persona. El balón funciona casi como una extensión de su vida, un objeto cotidiano que se convirtió en símbolo de memoria y afecto. 

Mauricio Limón. Política deportiva, 2014. Colección Yuyito

 

En contraste, las imágenes del alemán Juergen Teller se centran en los aficionados y capturan la intensidad emocional de quienes viven el fútbol desde las gradas o frente a una pantalla. Más que el juego en sí, aquí lo importante es la tensión y la euforia compartida.

Una de las obras que más me impactaron fue el video del belga Francis Alÿs. Solemos pensar que lo mínimo necesario para jugar fútbol es un balón, pero en esta pieza un grupo de niños en Mosul, Irak, juega con una pelota invisible. Esto se debe a que, bajo el control del Estado Islámico entre 2014 y 2017, los juegos con pelotas estaban prohibidos, lo que obligaba a los niños a reinventar el juego. Aun así, corren, celebran y compiten como si el balón estuviera ahí. En la sala donde se proyecta este video hay unas gradas que invitan a sentarse colectivamente, como si se tratara de asistir a un “verdadero” partido, un detalle sencillo pero muy bien pensado pues da a ese partido fantasma toda la sustancia de un partido normal, una experiencia inmersiva que es un sensible tributo a esos niños iraquíes.

En conversación con el equipo de Educación del Museo Jumex sobre la exposición, su enfoque inclusivo y las actividades programadas en torno a la muestra, esto fue lo que nos dijeron:

¿Cómo se traduce el tema del fútbol en algo accesible para todo tipo de públicos dentro del museo?

Una de las grandes fortalezas de esta exposición es justamente que parte de un universo muy cercano para muchísimas personas. El fútbol es un lenguaje que atraviesa generaciones, clases sociales, contextos y experiencias de vida. Entonces, desde el Depto de Educación, eso nos permite tender un puente muy poderoso entre el arte contemporáneo y públicos que quizá no siempre se sienten familiarizados con el museo.

Lo accesible, para nosotros, no significa simplificar el contenido, sino abrir múltiples puertas de entrada. Algunas personas llegarán desde la emoción, otras desde la memoria, otras desde la experiencia del cuerpo, de la comunidad, de la identidad o incluso desde una postura crítica frente al deporte. Nuestra tarea es generar mediaciones y actividades que permitan que cada visitante encuentre una relación propia con la exposición, sin sentir que necesita conocimientos previos para participar.

¿Qué papel juega el área educativa para que una exposición como esta no quede solo en lo visual, sino que se vuelva una experiencia participativa?

El área educativa es fundamental porque activa la exposición como un espacio de diálogo, no solo de contemplación. Nosotros trabajamos para que la visita no se reduzca a ver obras, sino a producir preguntas, conexiones, conversaciones y experiencias compartidas.

En una muestra como esta, Educación ayuda a traducir los temas curatoriales en experiencias vivas. Eso sucede a través de recorridos, mediaciones, actividades en sala y programas públicos que invitan a observar, pensar, conversar e incluso reconocerse en lo que se está viendo. Nos interesa mucho que el público no sienta que está frente a algo cerrado o distante, sino frente a una exposición que puede habitar, interpretar y discutir desde su propia experiencia.

La exposición muestra realidades muy distintas del futbol. ¿cómo van a trabajar ustedes esa diversidad en sus recorridos o actividades?

La vamos a trabajar entendiendo que el fútbol no es una sola cosa. Es juego, espectáculo, identidad, afecto, memoria, pertenencia, pero también tensión, exclusión, desigualdad y disputa. Justamente por eso la exposición es tan rica pedagógicamente.

En nuestros recorridos no buscamos imponer una sola lectura, sino abrir la posibilidad de que aparezcan esas distintas capas. Habrá momentos para hablar del fútbol como experiencia colectiva y popular, pero también para pensar sus dimensiones políticas, de género, de representación y de violencia. Nos interesa que el público vea que el fútbol puede ser leído desde muchos lugares, y que el arte contemporáneo justamente nos ayuda a complejizar aquello que a veces parece muy familiar o muy cotidiano.

Rodrigo Moya. Jerónimo y su balón, 1963. Galería López Quiroga

 

¿Cómo crees que se vaya a vivir ese contraste entre museo y espacio popular?

Creo que se va a vivir de una manera muy interesante, porque la exposición pone en relación dos universos que muchas veces se han percibido como distantes, pero que aquí encuentran un punto de encuentro muy natural. El fútbol trae consigo emoción, memoria, pertenencia, códigos compartidos y una energía colectiva que muchas personas reconocen de inmediato, y al entrar en el museo todo eso no desaparece, sino que se transforma en una oportunidad de reflexión y conversación. 

Pienso que el público lo va a vivir precisamente desde esa doble dimensión: por un lado, desde algo muy cercano y reconocible, y por otro, desde la posibilidad de mirar ese mismo fenómeno desde nuevas perspectivas. El museo ofrece un espacio para detenerse, observar y pensar con más profundidad algo que normalmente se vive desde la inmediatez, la pasión o la costumbre.

Eso puede generar una experiencia muy rica, porque permite que el museo se sienta más próximo para muchas personas, y al mismo tiempo abre la posibilidad de entender que lo popular también contiene capas estéticas, sociales, políticas y culturales muy complejas.

¿Cómo van a abordar temas como género, desigualdad o violencia a partir de las piezas?

Los vamos a abordar con mucha responsabilidad, pero también con apertura. Son temas que ya están presentes en la exposición y en la historia misma del fútbol, así que no se trata de forzarlos, sino de generar las condiciones para que puedan ser pensados y conversados con profundidad.

Desde Educación, nos interesa que esos temas se trabajen no desde una lógica de respuesta cerrada, sino desde preguntas que ayuden a observar cómo el arte pone en evidencia estructuras, tensiones y experiencias distintas sobre la comunidad, sobre lo que compartimos con otros. Si alguien sale de la exposición sintiendo que el museo puede ser un espacio vivo, cercano, crítico y disfrutable, entonces ya pasó algo muy valioso.

 Hablaremos de participación de las mujeres, de diversidad, de representación, de acceso, de exclusión y de las distintas formas en que el fútbol puede reflejar problemáticas sociales más amplias. Lo importante es crear espacios de diálogo donde el público pueda pensar críticamente, pero también escuchar otras perspectivas.

Vista de la exposición Fútbol y Arte: Esa misma emoción. Museo Jumex, 2026. Foto: Ramiro Chaves.

 

¿Qué actividades tienen previstas?

La exposición cuenta con un programa amplio que permite acercarse a sus temas desde distintos formatos y para públicos diversos. Habrá Mini Domingos, que es el programa regular del museo dirigido a niñas y niños, con actividades en diálogo con la muestra que abordarán temas como el juego, la narración, la moda y el cruce entre arte contemporáneo, deporte y cultura popular.

Además, la exposición estará acompañada por un recorrido con el curador, recorridos con artistas, performances, sonorizaciones, lecturas de poesía y otras activaciones en relación con la muestra. Todo esto permite que la exposición no se viva únicamente desde lo visual, sino también desde la escucha, la palabra, la imaginación y la experiencia compartida.

El programa ya puede consultarse en la página web del Museo Jumex, donde el público puede encontrar las fechas, horarios y detalles de cada actividad.

Marta Minujín. Mi Mundial, 1977. Colección Fundación KLEMM, Buenos Aires.

 

¿Qué te gustaría que alguien que no suele ir a museos se lleve después de ver esta exposición?

Me gustaría que se lleve la sensación de que el museo también puede hablar de su mundo, de sus emociones, de sus memorias y de las cosas que forman parte de su vida cotidiana. Que entienda que el arte contemporáneo no es un territorio ajeno ni exclusivo, sino una herramienta para mirar de otra manera aquello que ya conoce.

Y ojalá también se lleve preguntas. Preguntas sobre el fútbol, sobre la sociedad, sobre la identidad, sobre el cuerpo, sobre la comunidad, sobre lo que compartimos con otros. Si alguien sale de la exposición sintiendo que el museo puede ser un espacio vivo, cercano, crítico y disfrutable, entonces ya pasó algo muy valioso.

Vista de la exposición Fútbol y Arte: Esa misma emoción. Museo Jumex, 2026. Foto: Ramiro Chaves.
Iñaki Bonillas, Detalle de My sun one early morn did shine, 2025 – 2026. Proyecto realizado a partir de 72 fotografías de la Colección y Archivo Fundación Televisa para la exhibición Fútbol y Arte. Esa misma emoción, Museo Jumex.

 

 



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